LA TRIBUNA | O |
26 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.CONCLUYEN hoy las fiestas de San Juan, que habrán sido, como todos los años, mejores o peores, y ello tanto desde un concreto punto de vista de cada uno, e incluso, desde la perspectiva ideológica o partidista del opinante en el reflejo de lo politizada que se encuentra la vida sarriana. Ahora bien, una vez más y como acontece cada año, se ha puesto de manifiesto el debate sobre la ubicación de las barracas, que ha generado más crispación de la recomendable y que apenas tuvo trascendencia en los medios informativos. Ya me dirá si no el lector a qué razón responde el cambio de última hora del recinto ferial por imposición de los feriantes al comprobar como una mínima lluvia hacía desaconsejable instalar las atracciones en el terreno inicialmente destinado a tal fin. La realidad es que Sarria no cuenta con la adecuada infraestructura urbana para la instalación de feriales que, año a año, precisan mayor espacio por cuanto las atracciones responden a artilugios de cada vez más grandes dimensiones. Y ello motiva no sólo que no se personen, sino que una vez personadas se ausenten sin instalarse atracciones cuya actividad redundaría no sólo en una una mayor oferta de ocio merced al reforzamiento del conglomerado festivo, sino que provoca empeños tales como el de atisbos de actitudes acerca de posesiones de espacios públicos cual si se tratara de servidumbres o destinos de uso particular mediatizados por explotaciones no sólo con finalidades exclusivas, sino de descarado ámbito comercial. Las cosas son como son y los espacios públicos tienen un fin en beneficio del conjunto de la sociedad y no pueden responder a intereses puramente mercantilistas, debiendo las autoridades no dar pie a pretensiones fuera de lugar y ejerciendo la función pública en interés del colectivo social y al amparo de la legalidad.