La fiebre de asociacionismo que vivimos en Sarria en los útlimos años genera en ocasiones sorpresas bien agradables como es el caso de Peleriños, agrupación ésta, que con escaso bagaje de posibilidades dinerarias está al frente de iniciativas dignas de encomio y ello merced al trabajo de sus directivos. Así la campaña que viene realizando en pos de la conservación del auténtico símbolo de nuestro pueblo que no es otro que la torre que queda en pie de lo que fue la antigua fortaleza, merece no solo ser resaltada sino apoyada por todos los sarrianos. Ya no se trata de la defensa de un patrimonio histórico común, sino de que pueda mantenerse en pie algo que nos indentifica a todos como sarrianos sin excepción. Los actos organizados no deberían quedarse solo en eso, sino que habrían de constituir un simple hito en el camino que, dadas las circunstancias de propiedad civil y el hasta ahora inalcanzable importe dinerario que habría de desembolsarse para que la misma pasase al patrimonio común, se nos antoja largo y complejo. La unión de todos es esencial en una meta como la propuesta. Bien está en comenzar por la difusión de la idea y en generar la preocupación y el debate. Una iniciativa de este tipo no puede quedarse en una celebración de un sólo día, de unas jornadas o de una temporada. La historia es el reflejo de lo que los pueblos quieren ser en el futuro y ningún pueblo que se precie debe desdeñar su acervo patrimonial. Los representantes de la población, leáse corporación municipal -y sin distingos ideológicos ni partidistas- deben, de una vez por todas, coger el toro por los cuernos y ponerse manos a la obra. Difícilmente podrían encontrar una iniciativa que reflejase mejor la tan necesitada unión de todos los sarrianos en pos del bien común.