Los turistas critican la falta de amplitud en los aparcamientos municipales
06 ago 2009 . Actualizado a las 02:00 h.La capital lucense cuenta en la actualidad con tres aparcamientos subterráneos municipales. Espacios que llevan años dando servicio a los lucenses para que dejen sus coches pero que, con la llegada de los últimos modelos de turismos, han ido quedándose pequeños. Los vehículos actuales son más anchos y, a menudo, son comunes las imágenes de familias enteras que se bajan del coche antes de que el conductor aparque o que, éste, para bajar del automóvil tenga que hacerlo con sumo cuidado para no rayar con su puerta al coche que está aparcado al lado.
En el centro de Lugo, dentro de murallas, se encuentran dos de los aparcamientos. Uno en la Praza de Ferrol y el otro en la de Santo Domingo. El tercero está en la Praza da Constitución. A escasos metros de la estación de autobuses. Su situación ofrece un lugar idóneo para que turistas y lucenses puedan dejar estacionados sus coches. Sin embargo, pese a estar tan céntricos, la apertura de aparcamientos privados ha hecho que muchos usuarios cambien de emplazamiento para dejar su vehículo. Entre los motivos por los que los lucenses prefieren estos nuevos servicios está la amplitud de las plazas.
El último lavado de cara ha dejado en los aparcamientos públicos líneas más anchas para separar las parcelas. Un modo de intentar que los usuarios utilicen el espacio preciso para aparcar sin salirse de los límites. Sin embargo, las plazas siguen siendo igual de estrechas. Abrir la puerta sin golpear al vehículo de al lado resulta complicado. Eso en caso de que el coche del usuario sea un turismo de tamaño medio. Todoterrenos y monovolúmenes lo tienen más complicado. Algunos, como Albert Fernández, aprovechan unos centímetros de la línea para poder salir del automóvil una vez aparcado. Según indica este turista catalán es vergonzoso tener que hacer tanta maniobra para, al salir del coche, el hueco que queda siga siendo insuficiente.
Los problemas de espacio se acentúan, asimismo en aparcamientos como el de Santo Domingo. Este lugar cuenta todos los días con un gran número de coches en su interior. Esto provoca que, en ocasiones, se formen colas de vehículos que están intentando encontrar una plaza libre. El problema tiene difícil solución, pero Andrés Larumbe, turista vasco, plantea una posible. «En Vitoria hay un párking con fotocélulas sobre la plaza que indican si está ocupada o no. Si lo está envía una señal al sistema para, mediante pantallas, indicar cuáles quedan libres y el pasillo en el que se encuentran», señala.
Falta de indicadores
Una de las mayores deficiencias con la que cuentan estos aparcamientos es la insuficiencia de carteles en los que el usuario pueda orientarse. Sobre todo en lo referente a las zonas de acceso peatonal a estos espacios. Ninguno de estos lugares cuenta con indicadores en los que se informe del lugar en el que están las escaleras y ascensores. Algo que, en el caso de los lucenses, que conocen bien la ciudad, puede no ser un problema. Pero es frecuente ver a turistas que, sin saber donde están los accesos, entran al aparcamiento por las estrechas aceras situadas al borde de las rampas para vehículos. Con el riesgo que ello conlleva. Más si se trata de minusválidos.
Por su parte, el interior de estos accesos está bien señalizado. De todos modos, según indica Albert, en el aparcamiento de Santo Domingo serían necesarios más puntos de luz. «Entre que el lugar está oscuro y que las plazas son estrechas es raro que no haya golpes». Asimismo, en días de alta concentración de vehículos este espacio está insuficientemente ventilado. El humo expulsado por los coches hace que el aire sea casi irrespirable.