El patrimonio oculto de Os Ancares

La asociación Castaño y Nogal se queja de la poca atención que reciben por parte de los organismos

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x.m.p.
lugo / la voz

Bosques, molinos, minicentrales eléctricas, ouriceiras, construcciones típicas y cascadas conforman el espectáculo único que ofrecen Os Ancares. La Asociación Castaño y Nogal fue creada en el año 2008 y un año después empezó un proyecto de recuperación de los montes a través del sendero Quintá-Río Donsal, que pasa por los montes de Navia, Cervantes y Becerreá.

A través de una convocatoria internáutica e internacional empezaron a seleccionar voluntarios que se trasladasen hasta la montaña lucense. El primer paso fue abrir y desbrozar el camino para hacerlo accesible. Seguidamente, colocaron estacas y señalizaron el sendero para conseguir la homologación, obtenida en el año 2013. En las ya nueve ediciones de los Campos de Trabajo ha participado más de un centenar de voluntarios, procedentes de Italia, Argentina, Francia, Reino Unido, Noruega y Palestina, entre otros, que se alojan en el antiguo colegio público de Becerreá. Allí comen, duermen y cuentan con todo lo necesario para las dos semanas de trabajo en los campos.

Más de 6.400 senderistas han recorrido la ruta, según datos de la propia asociación, entre los que se incluyen poetas, escritores, generales, magistrados, periodistas y grupos grandes y mediados de caminantes. Desde Castaño y Nogal también llevan a cabo labores de prevención y sensibilización contra los incendios, especialmente después de la oleada de fuegos que sufrió la montaña ancaresa en octubre del año pasado.

 Diputación y Xunta no ayudan

Desde Castaño y Nogal se quejan del poco compromiso de las instituciones para preservar el entorno natural de Os Ancares. En tres años, la Diputación financió con 6.000 euros la compra de dos desbrozadoras y de indicadores para el sendero, una cifra que consideran insuficiente al tener en cuenta la cantidad de maquinaria necesaria para llevar a cabo las labores de limpieza. La financiación de la asociación es privada a través de recaudaciones por diferentes vías.

«Tanto la Xunta como la Diputación tienen maquinaria en los garajes que no utilizan», indica el presidente de Castaño y Nogal, Antonio Álvarez González, que también cuenta que hay voluntarios que llegan desde Coruña con el material, un gasto innecesario que prueba la falta de apoyo por parte de las instituciones públicas a las que realmente les corresponde la obligación de ayudar a preservar el paisaje.

En una reunión reciente con la directora de Turismo, Nava Castro, desde Castaño y Nogal explican que les aseguraron «que no podían hacer nada, lo que implica una falta total de coordinación».

 Un proyecto extrapolable

La iniciativa debería «ser el ejemplo para otras comarcas», explica Antonio Álvarez González. Como dato trascendental, el 60% de la ruta, que tiene 18 kilómetros de longitud, transcurre por un tramo de sombra que forman castaños y robles.

Desde la asociación explican que actualmente los senderistas demandan lugares para comer, una carencia de la zona en la que no es posible comprar ni una botella de agua. La ruta es transitable durante todo el año, y desde Castaño y Nogal cuentan que instalarán carteles en los diferentes tramos de la ruta que indiquen los teléfonos de los taxistas de la zona, ya que en un sendero que no es circular, muchos de los viandantes vuelven al punto de salida en taxi, sitio en el que aparcar el coche.

Otras de las demandas de los visitantes son la coordinación entre los distintos establecimientos de hostelería para permitir la estancia de grandes grupos, así como un guía y talleres de artesanía y pintura al aire libre.

 Cuidado y mantenimiento

Los primeros años «fueron los más duros», explica Antonio Álvarez. Ahora, los voluntarios se dedican a labores de recuperación, mantenimiento y restauración. Estos días están rehabilitando la única palloza que aún queda en Quintá de Cancelada (Becerreá).

105 personas

 El punto de partida

A las labores que llevan a cabo desde la Asociación de Castaño y Nogal también contribuyen los voluntarios que llegan anualmente a los campos de trabajo. En nueve ediciones, 105 personas; 75 de ellas, de cuatro continentes distintos.

Dos voluntarias italianas

Giulia Franchi y Marta Scarsella son italianas y participan en los campos de trabajo que organiza la Asociación Castaño y Nogal en Os Ancares. Aunque se definen como personas muy distintas la una de la otra, en la diversidad está la fuerza y ambas demuestran sus habilidades al borde del río Donsal.

 Vida rural

Giulia Franchi está graduada en Filosofía y Letras y ha hecho un máster en Ciencias Internacionales. Es de Montefino, un pueblo de mil habitantes de la provincia italiana de Teramo, en Abruzos. «Encontré la asociación buscando en Facebook», explica la voluntaria, que, al igual que el 90% de compañeros que acudieron a los campos de trabajo, hizo una estancia Erasmus en España. «Estuve cinco meses en Valadolid y ahora continúo mejorando mi castellano», cuenta Franchi.

«Es importante conocer y trabajar con asociaciones ambientales como esta», declara la italiana, que también explica que nunca había estado en un campo de trabajo. «Estoy acostumbrada a la vida rural porque vengo de un pueblo como Quintá», cuenta la voluntaria, que dice que la estancia no está siendo dura para ella porque «también desbrozaba» en su pueblo italiano «a pesar de tener poca fuerza».

 Una bailarina en Quintá

Marta Scarsella es licenciada en Coreografía y en Ballet de la Enseñanza y viaja desde Ladíspoli, una ciudad de más de 40.000 habitantes que está a 50 kilómetros de Roma. «El paisaje y la naturaleza me dejan algo que puedo usar en mi trabajo ya que me provocan sensaciones y emociones», explica la voluntaria, que también se declara «contenta» con la experiencia en el campo de trabajo. «Quería hacer algo diferente en España, porque ya había estado en Bilbao y en Barcelona», cuenta Scarsella, que nunca había hecho senderismo.

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