LUGO / LA VOZ

La N-VI, la principal vía de comunicación que tuvo la provincia de Lugo durante muchos años, es carretera para nostálgicos. El tramo Pedrafita-Lugo, al igual que el de Lugo-Guitiriz, conserva a duras penas imágenes que deberían figurar en un álbum, como si se tratara de una colección de la legendaria Ruta 66 americana.

Hay que ir con calma, amodiño, para descubrir y disfrutar de muchos secretos que sobreviven y también para comprender la decadencia de tramos que llegaron a tener gran vida; ahora apenas se conservan algunos locales que echaron el cierre hace ya varios años.

La de O Corgo fue la recta con más burdeles de España. Quedan dos y un gigante letrero de neón del Soraya. Más adelante sobrevive el de la New Disco Roca, de Baralla, local que tuvo sus momentos de gloria en los años ochenta. Solo a unos pasos está rufa la res vacuna (es difícil determinar si es vaca o xato) que avisa de la carnicería Benito. Dicen algunos lugareños que el pintor perdió el control del pincel cuando le hizo la cara al animal. Son cosas. Nadie es perfecto.

Antes de esa localidad dos sorpresas: la primera, una de las pocas cabinas telefónicas que quedan en la provincia y que lucha contra el abandono en Goméan; la segunda, la legendaria señal del viejo Icona (Instituto para la Conservación de la Naturaleza) que se salvó del fuego que precisamente quiere evitar. Pide a los conductores que no tiren colillas. Las hubo que tuvieron esmaltado un espabilado conejo haciendo de guarda forestal, pero ya no quedan. Son historia, como lo son las redondas de stop, las que anuncian que hay un teléfono o puestos de socorro de aquellos que hace 30 años sirvieron para hacer la mili en la Cruz Roja. La ruta es un libro con capítulos de historia más o menos reciente.

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La N-VI, la carretera de las nostalgias