Cambio de ciclo para «O Plantas»

David Mejuto / S.V. LUGO / LAVOZ

ANTAS DE ULLA

David Mejuto

Olga Vázquez y su hijo Juan Carlos dejan el bar tras 31 años de historia

29 ago 2013 . Actualizado a las 06:58 h.

Corría el año 1982 cuando Olga Vázquez decidió emprender junto con su marido la creación de un bar y parrillada que sería popularmente conocido como «O Plantas», en honor a su casa, que siempre recibió ese nombre. No obstante la desgracia pasó por su hogar a los pocos años con el fallecimiento de su esposo, «me quedé viuda muy joven, y la responsabilidad del bar recayó sobre mí. En un principio dábamos comidas pero con la muerte de mi marido nos convertimos más en un bar para gente joven», explica Vázquez.

Aunque tiene mucha historia, O Plantas está como de estrena. En su decoración predomina un intenso azul cian en sus paredes y sofás, e incluso en su barra, pero con una tonalidad más eléctrica debido a los neones. La habitación que en un principio servía de comedor ahora tiene tres ordenadores, un futbolín y una máquina de dardos. Todo nuevo, todo impoluto.

El hijo de la dueña, Juan Carlos Guerrero, señala que por el bar han pasado muchas generaciones de políticos, empresarios, periodistas, gente vinculada al mundo deportivo y parejas de jóvenes que se acabarían casando, «as nosas amizades lles dá pena que deixemos o negocio pero estamos desgastados e queremos un cambio. Neste momento hai negociacións para alugar o local a outros propietarios que esperamos que lles vaia xenial». Cuando se le pregunta a Guerrero qué momentos destacaría de todos estos años, incide en un recuerdo: «No ano 1993 ou 1994 a comisión contratou para as festas de setembro a La Polla Records. Foi espectacular, a xente tiña medo, pensaba que ían a ocorrer disturbios, que os punkis ían romper cousas, pero foi un éxito. Era gracioso ver o pobo e o bar cheo de punkis en contraste cos vellos, pero ó final todo o mundo quedou contento».

Sin duda, los años 90 fueron el apogeo del bar según Guerrero y su madre, «facíanse timbas nas que xente pudente que non vou nomear xogaba igual dende a hora de comer ata a mañá seguinte, cando eu iba para a escola. Xogaban ao Giley, e manexábanse cantidades altas, ás veces de 500.000 pesetas. Co tempo os xogadores foron morrendo e perdeuse a costume».

Antas de Ulla padece el mismo problema que todo el interior gallego: éxodo rural y envejecimiento de la población. En la actualidad tiene la mitad de la población que tuvo cuando abrió el bar. «Quiero agradecer a toda las gentes de Antas y demás localidades cercanas que pasaron por aquí durante todos estos años y desearles suerte a los que vengan», concluye Vázquez.