Libros

ANTÓN GRANDE

LUGO

26 ene 2026 . Actualizado a las 00:31 h.

Algunos amigos en mi tertulia habitual, sacan en conversación que sus hijos les comentaron que los cientos de libros, en algunos casos algunos miles, que estos conocidos guardan con cariño en sus domicilios, llegados a sus manos por herencias y en gran parte, por la búsqueda y el interés intelectual de años de compras, bien en las llamadas librerías de viejo, con habituales visitas a la Cuesta de Moyano cada vez que viajaban a Madrid, cuando entonces había allí libros de interés; por algunos libreros que quedan, que ofrecen joyas bibliográficas, o incluso por internet en su momento, dicen los rapaces, que tras la desaparición paterna y alegando que tantos volúmenes ocupan mucho espacio en el piso que heredarán, se desharían de ellos, así, como quien no quiere la cosa.

Otro buen amigo, en este caso también buen lector y además con tienda como librero de viejo en Lugo, me explicaba ante estos comentarios que son habituales casos, con los que se ha encontrado con cierta frecuencia, que ante el fallecimiento del pater familias, sus herederos vendan su biblioteca entera al primer postor, y además por poco dinero porque no saben lo que ofrecen, insistiendo a veces en la venta aparte de algún libro que consideran valioso cuando en realidad no lo es, y sí lo tienen algunos de los que ellos se deshace sin saberlo.

Me decía este librero que incluso en una compra que realizó, se incluía un texto de puño y letra del fallecido, con un trabajo que me dedicaba sin yo saberlo, y que me regaló.

Herederos que venden la historia, la literatura, la filosofía guardada en anaqueles en casa paterna. Son generaciones que no sabrán de Quevedo, Cervantes, Baroja o Rosalía. Pero sí sabrán vender los libros heredados, sin leerlos. Una lástima.