El último festival del verano reunió a 20.000 asistentes en una jornada soleada donde la música y los reencuentros fueron los protagonistas
20 sep 2025 . Actualizado a las 23:45 h.El Caudal Fest, organizado por la promotora lucense Bring The Noise con el respaldo del Concello de Lugo y la Xunta de Galicia a través de la Axencia de Turismo, vivió una jornada de música ininterrumpida gracias a sus dos escenarios en alternancia perfecta, un juego de relevos que mantuvo la energía siempre en alto.
La explanada del Pazo de Feiras de Lugo se transformó en un río de música, risas y color. Cerca de 20.000 personas llegaron de toda Galicia y también de alrededores para disfrutar del festival, el último gran evento del verano, que se desplegó entre el calor de la tarde y la frescura de la noche. A las seis, el sol todavía brillaba sobre el público, y las temperaturas, que rondaban los 20 grados, invitaban a disfrutar sin prisas.
El público era tan diverso como el cartel: familias con niños, grupos de amigos que viajaban desde distintos puntos de Galicia y jóvenes descubriendo por primera vez a sus artistas favoritos en directo. Cada asistente aportaba un color distinto al mosaico humano que se movía al ritmo de la música. La organización había contemplado previsión de lluvia, pero ni una nube logró empañar la jornada, que transcurrió con una energía vibrante de principio a fin.
Historias personales y tradiciones
Entre la multitud se encontraban Noli y Úrsula, gemelas de A Coruña, vestidas idénticas como ya es tradición en cada festival al que asisten desde aquel primer encuentro casual que marcó lo que hoy se ha convertido en un ritual. «Cuando vamos de festival nos gusta vestirnos iguales», contaban entre risas mientras llegaban a la explanada, emocionadas por ver a Melendi y en la anterior jornada a Dani Fernández. Su estilo sincronizado llamaba la atención, pero era solo un reflejo de la conexión que muchos asistentes sienten con el festival: una experiencia compartida que va más allá de la música.
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Cerca de ellas, un grupo de Frades había convertido el Caudal Fest en un plan familiar. Diez personas se acomodaban en un banco mientras pedían sus bebidas, charlaban y disfrutaban del ambiente. Los niños más pequeños se habían quedado en casa, porque ya habían asistido la jornada anterior, y sus padres «no querían perder la actuación de Melendi».
El festival también fue testigo de reencuentros emotivos. Un grupo de León y Madrid viajó para ver a su amigo lucense Pablo, aprovechando la ocasión para reencontrarse tras meses separados. «El Caudal es un punto de reencuentro para nosotros», explicaban mientras mostraban las camisetas que habían comprado para la ocasión, con la divertida temática de la Pantera Rosa.
La juventud también se hizo notar. Cinco chicas de Betanzos, con camisetas de fútbol de distintos equipos, esperaban con entusiasmo el concierto de Marlon, mientras dos jóvenes de Burela disfrutaban por primera vez de la experiencia festivalera para ver a Melendi en directo. Vestidas con camisetas del artista e incluso gafas de sol con su nombre, se hacían fotos de recuerdo mientras la expectativa crecía con cada minuto.
Moda y estilo festivalero entre los asistentes
El estilo de los asistentes era un espectáculo en sí mismo. Había quienes optaban por la comodidad, vestidos para aguantar la jornada sin restricciones, y quienes se atrevían con atuendos llamativos, desde camisas con estampados extravagantes hasta detalles brillantes que destacaban entre la multitud.
A medida que la tarde avanzaba, la música se adueñaba del espacio. Los asistentes coreaban, bailaban y se dejaban llevar, mientras conversaciones, risas y pasos de baile se mezclaban con los acordes de los artistas. La transición del día a la noche añadió un matiz mágico: el sol comenzó a caer, la luz se volvió más dorada y, poco a poco, la temperatura descendió hasta los 10 grados. Sin embargo, ni el frío ni la previsión de lluvia consiguieron disminuir la energía de los festivaleros, que siguieron cantando, bailando y compartiendo momentos con amigos, familiares y nuevos conocidos.
El Caudal Fest de ayer volvió a demostrar que no es solo un festival de música, sino un espacio donde se cruzan historias y donde se encuentran generaciones distintas. Celebrado desde 2018, el festival se ha consolidado como uno de los eventos musicales más importantes del noroeste peninsular. Se ha convertido, además, en el último gran encuentro musical del verano, en una época en la que los festivales están en pleno auge y la oferta cultural no deja de crecer.