ugo fue una ciudad aficionada al ajedrez en los años sesenta del pasado siglo en el que el Club de Ajedrez del Círculo de las Artes acogió, por ejemplo, en 1958, alguna partida y demostración de Arturo Pomar, entonces campeón de campeones en España.
La afición a este juego, declarado ahora como olímpico, decreció en la ciudad pero algunos con mando en plaza siguen, aun ahora, ejercitando alguna de las jugadas clásicas como los enroques entre el rey y una torre.
Algo de todo ello le está pasando al monumento al bimilenario, conocido popularmente como el aguilucho, el de ahora porque el primero reposa en el primer bancal de las cuestas del parque Rosalía ya que no fue considerado representativo, problema de alas, aunque coincidiendo con su traslado, muchos lucenses se acercaban a restregarle sus décimos de lotería de navidad por si acaso Roma llamaba a traidores.
Total, que se ha quedado el aguilucho, solo, fané y abandonado en medio de una plaza sin apenas sombras para anidar así que ya le andan buscando nuevo hogar, que podría ser en San Fernando, quizá por el tema del ardor guerrero del cuartel que tendría como vecino.
No es el único caso. A Xoán Montes Capón lo magrearon lo suficiente desde que por suscripción popular, la coordinación del Círculo de las Artes y varios centros gallegos en América, le colocaron frente a su casa natal, en Santo Domingo, un busto que ha sufrido en sus adornos ad pedem, sus más y sus menos.
En San Roque aun aguantó unos años y algunas noches, al salir del bar Chantada, algunos íbamos a cantarle Negra Sombra.
Luego, a moverlo otra vez, escorado al Concello, pero no. Su sitio sería Santo Domingo y desde luego, el parterre que lo rodea, muy otro. Lo sé.