Jubidalos cabreados

Antón Grande

LUGO

04 feb 2022 . Actualizado a las 21:14 h.

Andan cabreados los jubilatas con los bancos y no es para menos. Lo que me extraña es que solo se cabreen los pensionistas, que además tienen que hacer frente al IRPF como si estuviesen en activo, y que el cabreo no se haga generalizado a todos los ciudadanos porque la cosa tiene su guasa, el magreo a que nos someten a todos, sin distinción de edades.

Los jubilados son gente mayor que se queja de que no saben utilizar los cajeros, que no controlan internet y que aun encima les cierren las oficinas a las 11 para hacer cualquier gestión, cosa que también nos afecta a todos, eso cuando no les dejan las pocas oficinas existentes a una distancia considerable de sus casas. Será para que hagan piernas, no se apoltronen en sus casas y cuiden su corazón.

Lo de los bancos tiene claramente un nombre: verdadera avaricia, aunque esto tiene muchos antecedentes a lo largo de la historia. Sin ir más lejos, El Avaro, de Jean Baptiste Molière, es un claro ejemplo, aunque sea literario, de que la cosa ya viene de atrás. Aunque cabe recordar que esta obra del autor francés tiene a su vez su antecedente en La Olla, del comediógrafo latino Plauto, escrita casi dos mil años antes lo que viene a demostrar que la avaricia no es cosa de ahora, que tiene sus añitos, ahora con otros tintes modernos impulsados por los bancos, aunque en este caso el dicho famoso de que “la avaricia rompe el saco” no se cumpla porque los bancos siguen a lo suyo y ni siquiera han devuelto los 64 mil millones que les ha prestado el estado, o sea, todos nosotros.

Los pensionistas han reaccionado, se han manifestado y quizás sigan haciéndolo, en Lugo y en otras ciudades de España, para reclamar un trato más justo. No hay la menor duda, los viejos, los jubilatas, tienen la última palabra. El resto, calladitos, y así nos va. País, que diría alguno de los personajes de Forges.