Las historias que nos marcan

LUGO

No es fácil coger la pluma, y mucho menos dejar que sea la persona y no el periodista el que haga las preguntas

10 nov 2021 . Actualizado a las 12:12 h.

Recibo un mensaje que me notifica, como si de una resolución divina se tratase, que Jaime Ouro, un lucense que con 55 años vivía postrado a una cama, no pudo vencer su batalla contra el cáncer.

Después llega la noche, tengo tiempo para pensar en esa página que mandé tarde y le doy una última vuelta mental al titular. Tras varias vueltas a la almohada, esas de las que hablaba mi compañero David Suárez en uno de sus artículos, me decido a encender el ordenador. Lo corrijo, me vuelvo a la cama.

Entonces recuerdo la llamada de una joven que me contó a bocajarro cómo se prostituyó para pagarse los estudios y construir una casa digna para sus padres. Abro el WhatsApp y empiezo a escribir, pero lo borro de inmediato. La llamo y tras dos minutos, ella llora en silencio al otro lado del teléfono. Su relato me conmueve y desgarra al mismo tiempo. Entonces recuerdo la frase magistral que siempre me decía mi profesor favorito en la facultad: «Solo con distancia podrás hacer bien tu trabajo. Si los sentimientos te invaden, estarás perdida al llegar a casa». Intento hacerle caso, pero resulta imposible.