«Yo me muero, pero hay mayores que se quedan sin la ayuda a domicilio»

Jaime Ouro, usuario del Servizo de Axuda no Fogar (SAF), explica que le van a reducir las horas de atención a la mitad

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«Hay días que voy al baño, me siento, y tardo tres cuartos de hora en poder volver a la cama» Jaime Ouro, usuario del servicio de Axuda no Fogar, denuncia que le van a reducir las horas de cuidados a la mitad

lugo / la voz

Hace dos años, a Jaime Ouro le diagnosticaron un tumor renal en estadio cuatro, con metástasis en los pulmones y en otros órganos. La esperanza de vida que le dieron entonces era de apenas unos meses. Sin embargo, a día de hoy, este hombre de 55 años vive. Eso sí, está solo en su piso, ayudado por una muy buena amiga que está pendiente de él en todo momento. Es una persona dependiente e inválida que necesita cuidados. No come sólidos, por lo que no precisa que le hagan la comida, pero sí necesita que lo ayuden a asearse y a veces, una simple acción como llegar hasta una almohada que está dentro del armario puede llevarle horas. Hace unos meses, en el primer trimestre de este 2020, solicitó la prestación extraordinaria del Servizo de Axuda no Fogar (SAF) por la cual le concedieron dos horas diarias de cuidados que, de forma inminente, se van a reducir a una. «Esto no me llega a nada, no puedo ir a la ducha con la ayuda de una sola persona. Paso todo el día en cama y no como, me alimento de batidos y de un litro de zumo al día. El pastillero me lo rellenan las auxiliares que vienen a atenderme. Las necesito», explica.

Fecha de caducidad

Fue el 28 de octubre cuando Jaime recibió un cuestionario en el que se le informaba de que la prestación extraordinaria motivada por la pandemia tenía fecha de caducidad. Ayer, desde la cama de su domicilio, en el centro de Lugo, Jaime hizo hincapié en que su demanda no tenía como fin que le restableciesen el servicio solo a él. «Yo me voy a morir pronto, pero sé que hay mucha gente mayor completamente sola que no puede sobrevivir con una hora de cuidados al día», explica. Su única intención es que las administraciones se pongan de acuerdo para evitar que todas estas personas dependientes se queden desamparadas. «Hay gente en la misma situación que yo y con pensiones no contributivas. Ellos no se pueden permitir contratar a nadie para que los ayuden», asume Jaime con tristeza. Admite que no sabía que la prestación del SAF terminaría tan pronto.

«Esto no es por mí, es por todos los usuarios que están en esta situación. Hay mucha gente de casi 100 años que tiene muchas más necesidades que yo porque está verdaderamente sola. Nosotros no podemos manifestarnos en el Concello o en la Xunta por lo mal que estamos. Además, muchos tienen miedo a que después de quejarse les reduzcan el servicio. Moralmente, me siento obligado a hacer pública la situación», explicaba ayer Jaime. Esta semana, tuvo que llamar a una amiga y pedirle que acudiera a su domicilio «para que enchufara y desenchufara la máquina de oxígeno porque yo no me podía levantar». Esto es un ejemplo de las muchas necesidades que tienen las personas dependientes, bien sea por edad o porque padecen alguna enfermedad.

Desde el Concello de Lugo explican que la situación de Jaime es la misma que la de otros 158 usuarios a los que se le había concedido la prestación extraordinaria del SAF convocada por el coronavirus y asegura que ya pidió a la Xunta que mantuviese la ayuda ya que, dicen, es quien tiene la competencia. Además, inciden en que no dejaran desamparados a los mayores. Desde el organismo autonómico, dicen que la competencia es compartida entre Gobierno, Xunta y ayuntamientos, pero que son los concellos quienes gestionan el servicio y que con la reapertura de centros de día, esta prestación extraordinaria dejará de funcionar.

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