«¿Como sobrevivín? Despedindo a catro e botando horas e horas»

El hostelero José Carballedo pasó de servir 40 comidas cada día cuando el Xeral estaba activo, a jornadas en las que no tenía un solo cliente en el restaurante


El cierre del complejo Xeral hirió de muerte o mató a numerosos negocios de la zona de A Residencia y devaluó el precio de pisos y locales. Muchas viviendas cambiaron sus inquilinos sanitarios con el traslado al HULA por otros y generaron un cambio en la fisonomía del barrio. Ahora las esperanzas están puestas en el alquiler de locales vacíos y en que la actividad retorne al barrio. José Carballedo, que regenta el bar Savoy fue uno de los resistentes y está esperanzado con lo que generará la transformación de este espacio. Dejó de tener colas para comer en su restaurante, en el que servía una media diaria de entre 40 y 50 comidas, a dos o incluso ninguna.

«¿Como subsistín nestes anos? ?señaló? Tiña catro empregados e tiven que despedilos a todos aos que non lles foi vencendo o contrato, indemnizalos e facer eu horas e horas». Sobrevive, según explicó, gracias a las consumiciones del bar y a las comidas que le encarga un grupo de clientes que saben cómo trabaja.

El Savoy cuenta ahora con una clientela fija, a la que José Carballedo conoce por el nombre y no se olvida de sus gustos.

Veintiocho años en el bar

El hostelero reconoce que desde que cerró el hospital mantuvo a una de las trabajadoras a la espera de que en un plazo razonable le dieran una salida al complejo, salida que no se produjo y que obligó a Carballedo a despedirla a los seis meses. «Cando marchou quedei solo e sigo solo, salvo axudas puntuais que necesito».

Carballedo, que empezó en este negocio el 23 de febrero del año 1994, primero cinco años con un traspaso y después comprando el local, que confiesa que no acabó de pagar, está pendiente de que empiecen las obras de demolición y del personal que las realice, que podría generar un mayor movimiento en su bar. En el mes de junio se jubila y espera que para entonces mejoren las cosas en la zona para poder traspasar en condiciones aceptables.

«Esperemos ?señaló con cierto escepticismo el hostelero? que non se quede todo en tirar coa vella residencia e que deixen o solar baleiro por tempo e tempo».

Tanto los que resistieron, como aquellos que no lo hicieron y conservan sus locales, están a la expectativa de lo que vaya a acontecer en los próximos meses y de los movimientos que puedan generar. De momento, todo se centra en lo que puedan mover los trabajadores de la empresa Tragsa que participarán en la demolición del hospital. Por ahora, según fuentes consultadas, los que están asignados son pocos. En pocos días se incorporarán hasta un total de diez. Por ahora no hay noticia alguna sobre cuándo pueden empezar los trabajos en el futuro Centro Integral de Saúde.

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