Mientras en los seis primeros meses del 2016 hubo 818 litros por metro cuadrado, desde julio solo se registraron 267
08 ene 2017 . Actualizado a las 05:00 h.El año 2016 ha terminado en la ciudad de Lugo con un balance hídrico negativo, con seis meses en los que la diferencia entre la ganancia y la pérdida de agua en el sistema fue negativa. Y es que desde mediados de mayo y hasta el 31 de diciembre (con la excepción de noviembre) hubo unos registros de precipitaciones muy inferiores a lo habitual. Si a esto le sumamos que ya el 2015 fue un año seco con respecto a la media, se puede entender el balance hídrico negativo que tienen Lugo y la cuenca fluvial del Miño-Sil y que se ve reflejado en el nivel de los embalses o en el caudal de los ríos.
¿Se puede decir entonces que el 2016 ha sido uno de los años más secos de las últimas décadas? No y sí. Los primeros seis meses, especialmente enero y febrero, fueron literalmente pasados por agua, que no cayó en grandes cantidades por día (la jornada más lluviosa de todo el año fue el 8 de enero con 47,2 litros por metro cuadrado), pero sí muy constante. Tanto, que de los 31 días de enero, en la estación de Meteogalicia en el campus de Lugo se registraron hasta 29 jornadas con precipitaciones. En febrero, de 29 días, llovió en 25. Y en marzo, de 31, llovió en 23. En los 366 días del año, solo hubo 4 jornadas con más de 30 litros por metro cuadros, tres en enero y una en noviembre. Y días en los que se contabilizase alguna precipitación fueron 169, menos de la mitad del año.
A partir del tramo final de la primavera la caída de las precipitaciones en la ciudad y el aumento de las temperaturas fueron las constantes, hasta el punto de que en los últimos seis meses del año solo se registraron 267 litros por metro cuadrado. Para tener una comparativa de la lluvia caída a principios del 2016, en todo el 2015 se registraron 803 litros por metro cuadrado. En seis meses del pasado año, 818.
Un año cálido
En cuanto a las temperaturas se puede decir que el 2016 ha sido de los más cálidos de lo que llevamos de siglo XXI. Prueba de ello fueron los 20.24 grados de máxima que se llegaron a registrar el 24 de enero, por no hablar de temperaturas por encima de los 35 grados en varios días de julio, agosto y septiembre. Incluso, en octubre, se llegó a alcanzar los 27 grados de máxima. Las heladas fueron pocos frecuentes, con 29 noches, casi todas concentradas entre enero, febrero y diciembre, pero con índice muy inferiores a otros inviernos más severos de frío, como el famoso final del 2001 e inicio del 2002.
La escasez de precipitaciones a partir de junio sí redundó en el número de horas de sol computadas durante todo el año, que fueron 1.934 horas, casi trescientas más que, por ejemplo, en el 2014, uno de los años más lluvioso del siglo.
En cuanto a la provincia y relativo al otoño, se ha vivido una de las estaciones más calurosas de los últimos años, con temperaturas superiores a los 20 grados en puntos de la montaña lucense tanto en octubre como en noviembre y en diciembre. Ya septiembre fue un mes con máximas de 40 grados en el sur de Lugo y con máximas de 30 en puertos de montaña de O Cebreiro y Ancares.
Este 2017 arrancó de manera similar a como terminó el 2016. Tiempo seco, nieblas en los valles y sol en las montañas.