El ascensor

LUGO

01 dic 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Fue ayer. Justo el día que la muralla celebraba su 15 aniversario como Patrimonio de la Humanidad, cuando muchos lucenses pudieron suspirar con un «al fin» entre los labios.

La antigua reivindicación de los colectivos de la ciudad, parecía no ver la luz al final del túnel. Pero la vio. Gracias a su constancia y trabajo, a la ilusión y a las ganas de perseguir justicia. Tras años de frustración, de negativas, de debates entre detractores y partidarios.

Una ciudad que intenta romper barreras y ser accesible, no podía permitirse que su símbolo por excelencia se perpetuase como un muro más para vecinos y visitantes con movilidad reducida. Cuando uno viajaba y veía facilidades en otros monumentos y urbes, Ávila, Toledo, Girona, Pamplona, Éibar?, dolía que aquí no hubiese acuerdo.

También yo utilicé ayer el nuevo ascensor, ayudando a una señora que caminaba con bastones. Su sonrisa me hizo brillar los ojos. En terrenos cedidos por la Diputación junto a sus jardines, construido por la Xunta, y del que se hará cargo el Concello. No era tan difícil.

Lástima que justo al terminar el ascenso y acceder al adarve, uno amplíe la visión y se encuentre con maleza más propia de una película de Tarzán, que no era precisamente de ascendencia romana. O que también compruebe cómo se cae a pedazos el edificio destinado a Museo de la Romanización, y que todavía se nos adeuda por parte del gobierno gallego. Faltan acuerdos todavía. Pero que no falten las ganas de recoger el guante y llegar a ellos