Toros en Lugo en el siglo pasado

El notario Orol Balseiro fue el promotor de numerosas corridas en la provincia


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Muchas corridas de toros y novilladas celebradas en Lugo y la provincia durante el pasado siglo no se entenderían sin su patrocinador: el notario José M. Orol Balseiro, natural de O Valadouro, que organizó un buen número de ellas motivado, sobre todo, por su afición a los toros y por sus buenas amistades con los toreros ilustres de la época.

José M. Orol Balseiro fue en su momento el notario más joven de España y tuvo como primer destino la localidad de Barrueco Pardo, en Salamanca, como bien recuerda su hijo Fiacro, e incluso su nieto, que desde temprana edad le ayudó a organizar el álbum de recuerdos.

«En Salamanca -recuerda Fiacro Orol- mi padre se aficionó al toreo y eso le ocuparía gran parte de su vida. Era 1930, que es cuando regresa a Galicia, primero destinado a Baralla y luego a Becerreá». Orol Balseiro organiza la primera corrida en Baralla, coincidiendo con las patronales del San Vitorio, en 1951, en una plaza que, por su encargo, sería prefabricada para el evento. A partir de ahí, organizaría una serie de corridas, la primera en Lugo, coincidiendo con las fiestas patronales, y que tendría lugar en una plaza portátil ubicada en O Polvorín. La siguiente sería en un solar de la Avenida da Coruña, en este caso una novillada con algunos toreros que empezaban a despuntar.

«Mi padre -recuerda Fiacro Orol- actuó por pura afición como empresario taurino, tanto en Lugo como en Ourense. Concretamente, en esta última ciudad había una corrida programada en la que estaban vendidas todas las entradas. Pero empezó a llover fuertemente y el dueño de la plaza dijo que no podía celebrarse la corrida porque no respondía de que con el peso se pudiese caer en parte y provocar desgracias personales, así que hubo que devolver todo el dinero recaudado a los que habían comprado las entradas».

Amigo de muchos toreros

Orol Balseiro mantuvo a lo largo de su vida una gran amistad con toreros de renombre de la época como Antonio Bienvenida, que estuvo en Lugo, El Viti, Antonio de Jesús, Platanito, Celita o El Cordobés, del que llegó a ser su notario oficial. También guardó buena relación con Luis Ríos, El Pinturero, un novillero de Lugo que llegó a torear aquí en una plaza portátil en la zona próxima a lo que hoy es el Gran Hotel y que murió trágicamente en Colombia pues era paracaidista y se tiraba a la plaza desde un avión. Una ráfaga de viento lo arrastró al mar y murió ahogado al enredarse con las cuerdas de su paracaídas.

«Recuerdo una vez -comenta su hijo Fiacro- que mi padre organizó una charlotada en Ourense. Los clowns que iban a actuar, al ver los cuernos que tenían las becerras, se acobardaron y se negaron a hacer el espectáculo por lo que salimos mi hermano y yo a torearlas. Les dimos unos pases y cuando vieron que no eran tan peligrosas, los clowns se decidieron a continuar con el espectáculo». Estas actuaciones esporádicas de Fiacro en algunas tientas mientras su padre negociaba ganado y corridas, hicieron que un empresario taurino le ofreciese llevárselo a Madrid como maletilla pero la afición era una cosa y el futuro otra, así que decidió rechazar la oferta y volverse a casa.

«Mi padre -explica Fiacro- tuvo su último destino como notario en Madrid y allí siguió relacionándose con los toreros. Era tal su afición que durante muchos años, hasta su muerte, usaba sombrero cordobés. Y eso que era de O Valadouro. Desde luego, fue un gran aficionado taurino, tanto como empresario como por sus amistades en el mundo de los toros».

crónica histórica Un amante de la tauromaquia en la provincia desde 1950

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