El AVE, ¿para qué?

Manuel Piñeiro

LUGO

23 oct 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

La vida agitada de una ciudad tranquila, donde nunca pasaba nada, un remanso de paz para jubilados, pensionistas y empleados de servicios con los sueldos más bajos del país y el consiguiente peor poder adquisitivo de Galicia, se ha puesto de manifiesto en la última década como una constante de una metamorfosis de sobresaltos y sucesos espeluznantes. Dos juezas se han propuesto levantar las alfombras de las mafias establecidas con varias operaciones en marcha, Carioca y Campeón, dos nombres con denominación de origen siciliano, cabecera de diarios nacionales y extranjeros, sin contar con otra lista de escándalos secundarios pero no menos significativos como la trama de las multas, carnés de conducir y un larguísimo etcétera, Garañón incluido. ¿Les dejarán concluir con éxito su trabajo las mafias lucenses a estas dos valientes juezas, o su misión se verá abortada por los intentos desesperados de los delincuentes responsables? ¿Cuántos de nuestros prebostes políticos, por otra parte, se han borrado rápidamente de las fotos de los saraos en los que quedaron retratados con el ínclito Dorribo? ¿Y los que le designaron lucense de no sé qué año a este individuo, seguirán ejerciendo en el futuro semejante función? Y en otro alarde de espléndido futuro, ya nos anuncian desde Santiago que obras como el auditorio no se concluirán como muy pronto antes del 2016. O sea, pónganle dos décadas de retraso con arreglo a la promesa inicial. El mismo corredor de la muerte Sarria-Monforte no verá la luz antes del 2015, sin que se haya vuelto a saber nada del desdoblamiento en autovía.