Alguien llama a la puerta

Manuel Piñeiro

LUGO

E n vísperas electorales, hay un movimiento que no está pasando desapercibido para nadie, y menos para la clase política. Se denomina «Democracia real ya», y ha logrado movilizar a miles de jóvenes en las principales ciudades a través de Internet. Lo más llamativo es la sentada pacífica en la Puerta del Sol de Madrid. En el centro de la diana, un solo destinatario: nuestra clase política. Y ningún partido puede autoexcluirse de la responsabilidad máxima de la actual crisis económica que nos martiriza, sobre todo, a una juventud que alcanza una tasa de paro cercana al 50%. No son antisistema, porque el propio sistema es el que los excluye. No son antipartidos, pero sí exigen a todos los partidos, sin exclusiones oportunistas, que abandonen sus egos y bajen a la realidad. Han dicho basta a la actual situación, y exigen que bajen a la arena y cojan el toro por los cuernos.

Por aquí, seguimos inmersos en la habitual campaña de las futuras promesas incumplidas. Feijoo sigue su particular tijeretazo de recortes. Pepe Blanco ha reconocido que el enlace del AVE con Lugo no es prioritario, mientras su llegada a Galicia quedará en el baúl de los recuerdos si Rajoy no asume ese compromiso, si llega a la Moncloa. El futuro auditorio, con una década de retraso ya, está amenazado por la construcción de 140 viviendas sociales en su entorno, cuando solo una zona verde o de servicios estaría justificada. Ya no digamos del suspenso general en urbanismo. Pero alguien está llamando a la puerta. Quién sabe si se está cociendo otro mayo francés, como el del 68.