Los vecinos de Castro de Rei tienen derecho a que el gobierno y la oposición ejerzan el papel que las urnas les han reservado. La lógica y legítima cuenta de la aritmética política establece que mientras el PP se queda en la oposición, el PSOE, el BNG y Terra Galega asumen el gobierno con las consecuencias que tal medida conlleva: al gobernante le cabe la satisfacción de rentabilizar sus logros, pero también el sinsabor de afrontar los problemas cotidianos y de asumir que las incomodidades de los vecinos acaban formando parte de su agenda diaria. Nada hay de extraño en ello: los políticos se presentan a las elecciones por las razones que sean pero no obligados por nadie, y la puerta siempre está abierta para el que desea dejar la escena pública.
Marcharse a dos meses de las elecciones parece más la muestra de una rabieta de inmadurez política que de discrepancia fundada en criterios ideológicos o en aspectos de la gestión municipal. Antonio Balado ha tenido amplias competencias y ha cobrado por ellas; pero si se observa la sucesión de averías y de problemas que ha padecido la red de agua de Castro de Rei, esas competencias han sido superiores a su capacidad.