Por fin dos victorias consecutivas. Pero también un partido menos para el final. Ante Iruña, de nuevo sufrimiento. Ángel Jareño me comentaba que les faltó picardía. ¿La tuvo el Breogán? No importa, jornada consumida y a pensar en la próxima. Se pueden efectuar muchas cábalas. En el horizonte aparece como clave un partido, el de Melilla. Ganar allí podría darnos la novena plaza, pero, ¿cómo saber qué va a pasar en Girona con la marcha de Middleton y el correspondiente jaleo? Todas estas hipótesis son puntos en los que apoyarse, pero sin ningún valor si el equipo no gana partido tras partido; si, como los malos estudiantes, no recupera en el último mes y medio el desastre de los meses anteriores. De ahí que esta tarde, en Alcázar de San Juan, se afronte una nueva final. Los manchegos son una franquicia construida a tirones y que, desde el entrenador, ha sufrido muchos cambios; y, curiosamente, para lo que suele ser norma en la LEB, con tres jugadores en el poste claramente por encima de los dos metros. Uno de ellos, un viejo conocido, Balmón. Y el otro, Wachsmann, que nadie lo olvide, el máximo reboteador de la Liga. Jerod Ward, un americano de 2,06, también intentará darnos guerra. Junto a ellos, Ray Brown, quizás, su jugador más importante, con un interesante currículo en las ligas menores de la NBA. Ellos, junto a un puñado de esforzados de poco cartel también se juegan muchas cosas. Por ejemplo, la permanencia. Y no van a regalar nada, lo normal. Pero hay mucha diferencia, y también la necesidad y las urgencias están de nuestro lado. Duele la sola idea de no entrar en el play off. El futuro del Breo no pinta muy optimista y terminar el campeonato sin una alegría que compense tantas decepciones no sería la mejor medicina para encarar un verano en el que habrá que comenzar a preguntar cosas importantes. Todo antes que continuar languideciendo y rodando por una cuesta abajo que parece no tener fin.