Perdidos entre la niebla de Os Ancares

Dolores Cela Castro
Dolores Cela LUGO/LA VOZ.

LUGO

Dos lucenses deambularon por las montañas nevadas, sin rumbo, dos días y durmieron a la intemperie al borde de un barranco, compartiendo un único saco

31 dic 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

A Paris Álvarez, un estudiante de Políticas de Lugo y a su amigo Mateo D.P.R., estudiante de Historia de Monforte, no les va a ser fácil olvidarse de los dos días que pasaron perdidos entre la nieve, la niebla y el frío por Os Ancares. Cuando los encontró el amplísimo dispositivo que se montó para localizarlos, después de que dieran aviso por el móvil de su situación, estaban empapados y con claros síntomas de hipotermia. Pese a la experiencia vivida anunciaron que en el año que empieza están dispuestos a volver a intentar coronar los picos de Miravalles, Tres Obispos, Cuíña y Precuíña, tal como tenían previsto antes de perderse como consecuencia de la niebla,

Paris Álvarez admitió ayer que dos guardas de la reserva con los que se cruzaron antes de perderse les advirtieron que lo que pretendían hacer era muy duro y peligroso, sobre todo en la ventisca que se avecinaban. «Pero nadie -dijo- nos hizo una advertencia seria, un aviso oficial o nos prohibió seguir», dijo.

Según este joven, consiguieron salir de allí por sus propios medios, después de avisar al 112 de Castilla-León de su situación. «Encontramos nuestras propias huellas de dos días antes, llegamos al refugio donde habíamos pasado la noche, bajamos por un río y cuando llegamos a la carretera nos encontraron». «Al cuarto día estábamos ya desesperados y empezamos a notar síntomas de congelación». «De hecho Mateo -añadió- perdió la sensibilidad en los dos pies. Pero, cuando encontramos nuestras huellas fue una inyección de moral y pudimos salir por nuestro propio pie».

Paris asegura que la cuarta noche a la intemperie no hubieran sido capaces de soportarla. «Ya no teníamos sacos. Uno lo perdimos el segundo día y el otro lo tiramos porque estaba mojado y congelado».

Paris recuerda que cuando se encontraron con los agentes de la Guardia Civil en la carretera les dieron mantas. Después los trasladaron a Piornedo, donde los estaban esperando los padres. «Nos hicieron un recibimiento. Nos cambiamos de ropa y comimos caliente. El año que viene volveremos porque aprendimos muchas cosas».