El campo en pasado y en futuro

Xosé María Palacios Muruais
Xosé María Palacios VILALBA/LA VOZ.

LUGO

Valentín Rivas es ganadero de toda la vida, asumió los cambios que experimentó la zona rural del municipio y ve cómo su hijo Ignacio se adapta a los tiempos

15 ago 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Valentín Rivas recuerda que su padre, como tantos otros, tomó el camino de la emigración. Cuba y Estados Unidos fueron sus destinos, aunque no definitivos: volvió al lugar de origen, se casó y en Lagoa echó raíces. Él, cuarto de los seis hijos que tuvo el que cruzó el charco en los dos sentidos, también hizo viajes: con menos kilómetros de recorrido, con menos tiempo entre la partida y el regreso pero con consecuencias destacadas para el futuro.

A Holanda viajó para comprar vacas; y a Cantabria y a municipios coruñeses como Negreira, para ver explotaciones ganaderas. Aquellos viajes fueron decisivos, porque A Pastoriza fue un ayuntamiento pionero en las concentraciones parcelarias y en la transformación de la actividad ganadera tradicional en un oficio de futuro.

En esa evolución tuvieron un papel destacado dos sacerdotes que ejercieron como párrocos en el municipio. Uno de ellos fue Francisco Gómez, que, como recuerda Valentín Rivas, se comportó como un pionero en la introducción de vacas de leche. El otro fue Victorino Pérez Prieto, que impulsó la creación de la cooperativa O Caxigo. Otro nombre que cita con gratitud es el de Eloi Villada, que ocupó puestos en la administración relacionados con el mundo rural y que le daba un consejo sobre la evolución que debía seguir: ir poco a poco era la clave. Y otra mención, sin nombres propios, es la de la agencia de Extensión Agraria de Mondoñedo, que, explica, «funcionaba moi ben».

El ganadero empezó con unas 15 vacas, apenas la sexta parte de las reses que hoy reúne la explotación. Sin embargo, no fue ese el único cambio. La decisión de su hijo Ignacio de seguir en la actividad familiar le permite algún que otro respiro: «Agora xa colle as vacacións de boa gana», afirma el continuador de la tradición. De todos modos, admite que está «encantado» de las decisiones tomadas, como lo demuestra con otra expresión: «Ata que morra estarei no das vacas», dice.

Organización teórica

El hijo reconoce que le queda aún mucho por aprender hasta tener la veteranía del padre, y parece agradecer la autonomía que da el hecho de no depender de terceros: «Tes -explica- esa liberdade de organizar as cousas á túa maneira. Despois non tes tempo para nada, pero... ».

Ignacio Rivas no cree que en A Pastoriza haya una predisposición hacia la ganadería mayor que en otros sitios, e incluso agrega que él más bien fue educado para orientar su vida hacia otros ámbitos aunque al final eligió lo de casa. «Canto máis che prohíben unha cousa... Debe ser iso», dice.