Tengo la sensación de que nuestros políticos debieron nacer todos un 28 de diciembre. Jamás se resposabilizan de nada, porque de nada son culpables, ya que la culpa siempre es del adversario. Ahora que la crisis muestra toda su crudeza, pese a los inútiles esfuerzos del Gobierno por echar balones de responsabilidad a la oposición, mientras ésta centra todos sus esfuerzos en crucificar a ZP como único responsable de la actual situación, los ciudadanos de a pie muestran su desagrado por el denigrante espectáculo que se les brinda. Ni unos ni otros convencen al electorado, y todas las encuestan muestran una rara unanimidad en la valoración de los líderes de los dos grandes partidos: suspenso. Lo cual nos pone ante una difícil situación: desilusión ante el futuro.
Hasta Pepe Blanco, que aparecía a priori casi como un mesías enviado por la divinidad para rescatar a su tierra del olvido secular del desarrollo, ha tenido que sacarse la careta para anunciarnos entre dientes que esa luna de miel de las futuras infraestructuras de Lugo, entre otras, ha sufrido un serio revolcón. O quén sabe si un definitivo adiós en algunos casos. Rescisión de varios tramos de la soñada autovía Lugo-Ourense, demoras para la de Lugo a Santiago y hasta parón de varios tramos de la A-8 con Asturias. Recortes obligados, que se podrán paliar «sin demora,con la concertación con la iniciativa privada». Algo que no se lo cree ni el propio Blanco. Eso, sí, el de Palas asegura por activa y por pasiva que la llegada del AVE a Galicia para finales del 2015 se mantiene intacta. ¿Cuánto tardará el próximo desmentido? Y que el eje Lugo-Ourense sigue siendo prioritario para la alta velocidad. Mientras Feijoo pone ruedas en el carro de todas estas infraestructuras, la credibilidad de Blanco también está bajo mínimos.