Mientras recorta inversiones, Fomento alimenta la esperanza de la llegada del AVE a Lugo con los planes para la estación intermodal
25 jul 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Lugo soñó con una inmensa chatarrería aeronáutica y, reventado el sueño, se imagina ahora una estación intermodal para el AVE improbable de la crisis. El juguete de políticos que fue el centro de reciclaje de aviones dio mucho de sí, y entretuvo los días planos de cuando la crisis aún no era crisis. Ahora que lo es y las empresas abandonan las obras de las autovías, a Lugo le sale el sueño de la estación intermodal, también inducido, y será un sueño recurrente y freudiano, de noches de verano e invierno y de muchas citas electorales. El conselleiro Hernández comprendió que será un sueño a largo plazo, que sobrevolará muchos presupuestos, y, ¡olé!, la Xunta asumió el coste de la nueva estación de autobuses dentro de la terminal intermodal. No es Hernández el que precisa un curso acelerado de negociación y póker. Pero Orozco , político que se desliza por dentro de sí mismo, se ve ya impartiendo las clases.
Lugo, sí, vivió largos años carente de sueños, durmió la pesadez del inmovilismo. Llegaron después días en los que hubo quien se atrevió a demostrar que era posible conseguir lo que entonces parecía tan difícil. El alcalde Vicente Quiroga devolvió a Lugo la capacidad de soñar. Después vinieron otros, y ahora el socialista López Orozco, un punto coñón y otro tanto cínico como su maestro Tierno, maneja la máquina de fabricar sueños. Al alcalde socialista algunos sueños le salen rotos y otros le duran mucho. El del centro de reciclaje de aviones capotó. Fracasado el proyecto aeronáutico, ahora toca transporte terrestre.
El ministro Blanco sostiene que construirá una estación intermodal para el AVE, pero los gastos de la parte correspondiente a los autobuses corren por cuenta de otro. Y en eso anduvieron estos días el conselleiro Hernández, el alcalde Orozco y el aspirante a la alcaldía Castiñeira . Orozco, ahora, está convencido de que ya decía él que la Xunta pagaría y que no sería necesario recalificar los terrenos de la actual estación de autobuses. Quizá Hernández tenga a estas horas ciertas opiniones acerca de cómo se las gasta Orozco, que seguramente prepara, para los próximos días, respuestas al estilo de la de Francisco Bergamín. Cuentan que al padre del conocido escritor un diputado le expresó su incredulidad ante lo que acababa de oírle:
-¿Y lo dice usted con esa cara?
-Ya puede comprender su señoría que si tuviera otra no lo diría con esta.
En Lugo hay quien sueña con un inmenso polígono industrial (As Gándaras) repleto de empresas. Frente al polígono creciente, el Rato, río desmedrado y achacoso, se ve menguante. El presidente de la Confederación Hidrográfica do Miño-Sil, Francisco Fernández Liñares , tiene a los técnicos del organismo con la lupa puesta en las obras que paga el departamento del conselleiro Hernández. Quizá todo esté dentro de la norma, acogido a permiso y bendecido de autorizaciones y pólizas. Pero conviene que se aclare y, de paso, se aclaren también las causas de tantos alifafes como padece el río. El colectivo ecologista Adega ha hecho un buen estudio sobre los puntos más conflictivos a lo largo del cauce. Es esta una buena ocasión para que la Confederación, el Ayuntamiento y la Diputación se tomen en serio el cuidado del Rato.
En serio, muy en serio, se han tomado su papel los colectivos que creen ver en el Plan Xeral de Ordenación Municipal de Lugo (en trámite de aprobación definitiva) calificaciones y recalificaciones tan llamativas como investigables. Por eso acudieron en su día a la fiscalía y sale con frecuencia en los papeles el Club de Golf y asoma el nombre de una sociedad que igual aparece más veces en este asunto. Los planes generales de urbanismo, ya se sabe, son documentos complejos, cargados de intereses y pocas veces libres de sospecha. El plan de Lugo, la aprobación del PXOM, queda para septiembre. Tampoco esta vez el gobierno de Orozco logró aprobar el plan cuando se proponía; falló en el examen de julio y queda para septiembre. Y lo miran desde el edificio de la plaza de Avilés.
Lugo, sí, es una ciudad de sueños. Soñó con una empresa para la gestión turística y tuvo que dejar para mejor ocasión su constitución, mientras los peregrinos pasan y pasan hacia Santiago. La sociedad turística fue a parar al cajón consistorial casi al mismo tiempo que Concepción Burgo dejaba la concejalía para dedicarse en exclusiva, por imperativo del partido, a las tareas de diputada.
El sueño roto de la chatarrería aeronáutica es ahora sueño de estaciones y AVE. Jardiel Poncela avisó de que «sólo unos pocos sueños se cumplen, la mayoría se roncan». Quizá este sea de los que se cumplen.