Tras largos años de emigrantes, los Vázquez Castro compraron una antigua casa de comidas y abrieron un restaurante a medio camino entre Lugo y Portomarín
18 jul 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Manuel Vázquez López y su mujer, Alicia Castro, actuaron por el libro: emigraron y les fue bien, pero llegó un momento en que necesitaron regresar a sus orígenes y recalaron en la localidad de Lousada (Guntín), donde montaron un restaurante, la parrillada O Braseiro. Pese a que nacieron a tres kilómetros, él en Santa Cristina (Lugo), y ella en Castelo (Guntín), se conocieron en Barcelona y allí iniciaron una convivencia que ya va por el año 46.
Manuel emigró con 17 años a Asturias, pero a los ocho meses se marchó a la capital catalana y empezó a trabajar en Mercabarna, el mercado central. Cuando aún no llevaba un año pidió una excedencia para aprender el oficio de peluquero, que era lo que le gustaba, y al cabo de 13 meses, en 1964, montó una peluquería de señoras en la que sentó cabeza laboralmente.
En Barcelona nacieron los dos hijos, Juan y David, que todos los años, al acabar el colegio, pasaban en Santa Cristina cuatro meses con los abuelos. Manuel afirma que regresaron porque los niños insistían en que se querían quedar aquí, pero Juan matiza la afirmación y asegura que también al padre le tiraba la tierra. Un par de atracos sufridos en su establecimiento aceleraron la decisión, a pesar de que económicamente la peluquería era un buen negocio.
Durante las últimas vacaciones que pasaron en Galicia como emigrantes se les presentó la oportunidad de comprar la Casa do Alemán de Lousada, edificio no muy grande pero de buena factura y bien situado, en el barrio de As Cruces, a la vera de la carretera de Lugo a Portomarín. Antes de que rematase el año formalizaron la compra. Era 1980 y hasta el 85 estuvieron en obras para remodelar totalmente el inmueble y adecuarlo a la parrillada que querían abrir.
Manuel recuerda que eligieron el día de la fiesta del lugar, San Berto, para abrir y reconoce que de hostelería tenía poca idea. Pero Alicia ya era buena cocinera y salieron adelante. Juan, el hijo mayor, acabó en Lugo los estudios de delineante que había iniciado en Barcelona e incluso se puso a trabajar en la profesión, pero le gustaba la hostelería y lo dejó para dedicarse de lleno al restaurante, del que se puso al frente en 1999. Ahora también trabaja su mujer, Susana Fernández, y el hijo de ambos hace sus pinitos y apunta maneras, pese a su corta edad, por lo que probablemente la tercera generación de O Braseiro está encarrilada.
Su clientela abarca desde Lugo hasta Láncara, y Portomarín. Y están especialmente agradecidos a la gente del lugar.