Los más antiguos

José Ramón Ónega

LUGO

Mientras en el resto de Iberia andan descubriendo identidades y procedencias, en Lugo podemos probar que nadie nos gana en antigüedad y origen. Me ha conmocionado la noticia de que en el municipio de Becerreá siguen hallando en una cantera restos de animales prehistóricos.

No son vacas, caballos o cerdos tan típicos de nuestra cabaña gallega, sino fósiles de león, rinoceronte, bisonte, hiena, pantera, oso y así. Somos los más antiguos. Se puede uno imaginar a leones y rinocerontes, por ejemplo, lanzando terribles rugidos en la noche tenebrosa de las cumbres y espesuras de Becerreá.

Ya se ve que aquí tuvo su habitat la flora y la fauna de África. El gallego de entonces no sólo cazaba bisontes, como los de Altamira, sino que este paisaje nuestro sería selva tropical. Estamos hablando, según los entendidos, de unos 100.000 a 200.000 años atrás, o sea, anteayer. Con los bichos, aparecieron también herramientas de piedra tallada que acreditan, en efecto, la presencia de seres humanos.

A mi me interesa, sobre todo, la certeza de nuestra identidad. Andábamos huérfanos de créditos y necesitados de pergaminos desde que Mendizábal con la desamortización, se cargó los archivos de los monasterios.

Ahora, podemos decir al mundo que los gallegos descendemos, no ya de la pata del Cid, ni siquiera de Breogán, sino de Adán y Eva. El Paraíso terrenal debió andar por aquí, quedándonos la lluvia, la niebla, el roble y las estrellas que viajan al finisterre.

Tengo yo que proponer al alcalde de Becerreá que ponga un indicador en la autovía señalando el país de la cuna, la tierra de origen. Otros venden menos y más cutre y se inventan orígenes sagrados.