Tormenta tras la inundación

LUGO

La lluvia torrencial revela carencias infraestructurales y cuestiona el uso de los recursos públicos en los últimos años

27 jun 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Lugo, ciudad de lluvia, creció con infraestructuras hidráulicas de secano. Por eso, ahora que revive los días en los que fue romana, descubre con sorpresa, bajo la tormenta, la insuficiencia de sus cañerías, la parquedad de sus sumideros, el exceso de suciedad que tapona sus desagües. Ahora que el alcalde López Orozco posa de romano y el presidente de la Diputación, J osé Ramón Gómez Besteiro , se fotografía dentro de una inmensa pelota, Lugo se inunda. Los coches se ahogan en las calles y en los garajes, y a la romana de pega se le descompone el tocado. Con el agua, la túnica mojada revela los interiores de la figuranta y afloran las carencias de un urbanismo especulativo y alocado. Lugo, ciudad de lluvia, se inunda y a los lucenses, que pagan el Arde Lucus, les anuncian, por boca de secretario de Estado, una subida de impuestos municipales, mientras limpian el fango de sus garajes y restauran sus comercios.

Bajo una lluvia torrencial, hasta las mejores redes de alcantarillado y recogida de aguas pluviales se vuelven escasas. Las inundaciones son inevitables, sí. Pero Lugo, pese a las más recientes obras, no goza, según se ve, de una buena red de saneamiento, ni de recogida de aguas pluviales. Queda demostrado una y otra vez. Los principales problemas se producen siempre en los mismos puntos de la ciudad. Y no es por falta de avisos. J aime Gueimonde , presidente de la asociación de vecinos de As Gándaras, anunció por todas las vías a su alcance que habría problemas, y los hubo. J esús Expósito , presidente de la junta de personal del Ayuntamiento, es testigo de cómo su comunidad advirtió al Concello de que la red de sumideros estaba en mal estado y... Su garaje fue uno de los que se inundó. Y así y más. El concejal de Infraestructuras, que quiere decir el de alcantarillas y desagües, es el socialista José Piñeiro . Por la cosa de los porcentajes de poder en los gobiernos, a Piñeiro le tocaron los cañerías, aunque no gestiona ni la potabilización ni la depuración de las aguas. La gestión de Piñeiro, aficionado a ejercer de César, naufraga en la cloaca y moja a Orozco con la ducha de la crítica ciudadana.

La lluvia amenazó al Arde Lucus en su arranque, pero no apagó los ecos del mensaje del secretario de Estado de Cooperación Territorial, Gaspar Zarrías . Acogido a la sombra amable de los árboles de la vieja Frigsa, el enviado del Gobierno instó a los alcaldes (tenía a Orozco a su lado) a alcanzar «una mayor presencia impositiva». Dicho en plata: ¡alcalde, sube los impuestos y las tasas!. Orozco miró al cielo, hizo como si la cosa no fuera con él y vino a decir que no, que por ahora no sube los tributos, que es como no decir nada. En septiembre, a la vista del padrón del IBI, será el momento de las decisiones.

«Nuestro país tiene que darse cuenta de que lo que va a venir ahora es distinto de lo que hemos tenido en años anteriores». Sí, Zarrías tiene razón; en Lugo, en años anteriores lo que hubo fue la congelación de tributos; ahora viene lo «distinto», o sea, la subida. Y eso que el 2011 será año electoral y a ningún alcalde le apetece presentarse a las elecciones con la carga de un incremento de la presión fiscal. Más aún si, desde el otro lado de la calle de la política, el PP dice que no, que para incrementar los tributos hay tiempo y que antes se pueden hacer otras cosas.

El popular Jaime Castiñeira dejó clara su posición frente a las recomendaciones de Zarrías, mientras seguía enzarzado en el debate con los socialistas por su propuesta para construir un aparcamiento subterráneo en San Marcos. Castiñeira, que comparte con Ortega la certeza de que cada uno es su propio yo y sus circunstancias, sabe que si quiere tener opciones de alcanzar la alcaldía tiene que evitar la estela de Orozco. Castiñeira opta por la estrategia del zapador frente a la política colorista y de jardinera que tan bueno resultados le ha dado al socialista. El candidato popular jugará en un campo electoral difícil, en el que Orozco y Gómez Besteiro están dispuestos a estrecharle el espacio vital tanto como les sea posible. Esta semana usaron a los medios de comunicación como testigos de su magnífica relación y entendimiento, para dejar al PP sin el argumento de competencias y rivalidades.

En Lugo, el urbanismo naufraga en una tormenta de verano y por el cielo de la política cruzan ya los rayos de la precampaña electoral. Hay, ahora que otro Arde Lucus llegan a su fin, un aire como de resignación frente al recorte salarial y a la anunciada subida de impuestos municipales. Tras la tormenta, el consejo de Ortega: «El que no pueda lo que quiera, que quiera lo que pueda».