El mercado también es aprovechado para fomentar el intercambio. Un puesto ofrece la posibilidad de entregar objetos que a sus propietarios ya no les tengan utilidad pero que les puedan servir a otras personas y, a la inversa, si hay expuesto algo que le haga falta a un visitante, lo puede llevar.
En el mismo recinto hay otra faceta del intercambio, aunque en este caso los potenciales usuarios son vecinos de la zona. Una persona que domine algún oficio o técnica de trabajo puede ofrecer realizarlo para otros. No cobrará, pero suma puntos que le dan derecho a que le hagan otro del que haya expertos inscritos en esta especie de banco de trabajo. Los organizadores del mercado reconocen que, aunque son prácticas veteranas en otros ámbitos, en un lugar pequeño como Negueira pueden tener dificultades para su implantación, pero no por eso deben dejar de intentarlo.
También las hubo hace bastantes años para que se integrasen las dos comunidades, la de los vecinos de toda la vida y la de la otra orilla del río, y hoy están superadas, como lo demuestra la celebración de este mercado. Sin embargo, el embalse sigue siendo una larga frontera física.