No sólo hay guerra en Afganistán sino también en Castroverde, municipio de hermoso nombre y de historia apretada y épica. Los de Pol iban y van a la feria, famosa de antiguo, donde el pulpo y otros milagros alcanzaron siempre categoría suprema. En Montecubeiro, Silo derrotó a los gallegos que no acataban su soberanía. Los de Montecubeiro bajaron a Mosteiro y los de Mosteiro suben a las fiestas del Santaciombre, a la sombra del viejo convento benedictino. Gusto yo de transitar estas fragas impenetrables, refugio de maquis batidos en una palleira.
Ahora la épica está en los regidores del concello que se declaran la guerra interna. Tienen nombres medievales, Arias y Pillado, que traen resonancia de códices y escrituras antiguas.
No sé si en la torre del homenaje de los Altamira, milagrosamente en pie, habitan los fantasmas de antaño.
O si los señores de los pazos, siempre inquietos, han vuelto a transitar las corredoiras de Vilabade, Pena o Bolaño. Tengo que consultar con mi amigo Gómez Vilabella, que acaba de contar la historia de Castroverde en clave popular y heroica.
Mientras, quedo a la espera de los partes de guerra y noticias del frente entre los contendientes regidores municipales.
Delante de la sobria casa del concello de Castroverde han puesto una fuente con niños abrazados bajo un paraguas. La bella imagen también es todo un símbolo. Hay que protegerse de la lluvia ácida que abraza la política.
Muchos desean que no vuelvan los carlistas que fueron fusilados por aquellos pagos de Castroverde, ni los fuxidos, que dejaron heroísmo y pena en las fragas de Montecubeiro. Mejor que soplen unos whiskys juntos.