El joyero que le compró el torques de Burela al labrador que lo localizó renunció a una oferta más importante que le hicieron en Madrid para que se quedase en Lugo
12 feb 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Aunque los responsables de la Diputación dejaron claro que acatan las sentencia del juzgado lucense que ordenó la entrega del legado de Álvaro Gil a sus herederos, decisión recientemente ratificada por la Audiencia Provincial, el análisis detallado de la documentación fue vital para tomar la decisión de recurrir ante el Supremo, pese a la renuncia que reclamaban los familiares para negociar.
Uno de los documentos que no fueron tenidos en cuenta por los jueces fue el acta de la reunión de la junta del Museo Provincial que tuvo lugar el 25 de noviembre de 1954 a la que asistieron Pardo Baliña, Vázquez Saco, Rodríguez Labajo, Trapero Pardo, Antonio Fraguas y Vázquez Seijas.
Uno de los apartados más significativos dice: «Seguidamente, el vocal Sr. Trapero informó a los reunidos de que, hace algunos meses, tuvo conocimiento de que en la parroquia de Burela, en esta provincia, había aparecido un torques de oro, y de que el propietario de la pieza transmitió todos sus derechos sobre la misma al industrial joyero de esta plaza D. Julio Núñez Reguela, el cual realizó en Madrid los trámites para la legalización y declaración de la joya». Continúa señalando que el dueño le mostró la pieza a Trapero, comprobando su excepcional valor. Tras describir sus características, el acta refleja que Regüela «manifestó que en Madrid le había sido ofrecida una cantidad determinada por la compra de la joya, pero él se reservó el cierre del contrato condicionándolo a un previo ofrecimiento del torques al Museo de Lugo, donde deseaba fuese exhibido con preferencia a otro lugar, aún recibiendo de dicho Museo una cantidad menor que en la que en Madrid le había sido ofrecida».
Laudable actitud
Según relata el acta, en vista de tan «laudable y generosa actitud» de Regüela, Trapero lo acompañó a visitar al director del Museo, Vázquez Seijas, y fue el propio joyero quien dio cuenta de que «otro generoso lucense» se había brindado a aportar dinero para que el torques fuese para el Museo. Posteriormente, los tres se entrevistaron con el presidente de la Diputación, Rafael Sarandeses, al que informaron del hallazgo y de que Regüela y Álvaro Gil «se habían brindado a cubrir generosamente la diferencia que pudiese existir» para que la joya se quedase en Lugo. Sarandeses acogió muy bien la propuesta y aceptó el valor de compra de 150.000 pesetas, advirtiendo que «dificultades presupuestarias impedían hacer la adquisición en aquel momento». Regüela hizo constar en nombre de Gil Varela «que dicho señor anticiparía la cantidad suficiente para la compra del torques con destino al Museo de Lugo».