Mallo, la meiga

José Ramón Ónega

LUGO

03 feb 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Era menuda y delgada, como vara de mimbre, como junco de ribera. Nació en 1902, y se adelantó a su tiempo. En Chile, se mostró desnuda en una playa, sólo vestida con un manto de algas que le cubría el cuerpo. Acudía en Madrid a las tertulias de los cafés, sin sombrero, luciendo pelo a lo garçon y fumando cigarrillos sin filtro. Siempre muy pintada, especialmente los ojos y la boca, solía vestir colores chillones.

Era Maruja Mallo, pintora vanguardista, artista genial, cuyo verdadero nombre fue Ana Maria Gómez González. Fascinante, inspirada, fue amiga, e incluso amante, de los grandes de la Generación del 27: Dalí, Alberti, Buñuel, Ortega, Neruda, Lorca, Miguel Hernández. Fue la gran transgresora de aquella generación de genios.

Exiliada 25 años en Argentina, regresó a España en 1961, y murió en el 95. Se formó en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en cuyo patio jugaba con Dalí, dando vueltas hasta que ambos caían al suelo. Fue la cara femenina más emblemática del surrealismo, del realismo socialista y de géneros que ella inventó. Dalí la llamaba meiga, «mitad ángel, mitad marisco».

La Real Academia de Bellas Artes y Antonio Bonet Correa, su director, gallego también, acaban de inaugurar una magna exposición, a cuyo acto asistió la ministra de Cultura y el conselleiro Varela.

Anduve yo por allí también alucinando con la obra de esta genial viveirense. Decía un enterado que organizaba concursos de blasfemias, e irrumpía en bicicleta en la iglesia de Arévalo en hora de misa. Pero llevaba la inspiración y el arte en la carne. Su obra sorprende, entusiasma. Es pura magia. ¿Qué hacen en Viveiro que no le erigen estatua o calle?

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