Después de abandonar el Azkar y poner rumbo a Libia, Pablo Prieto estampó su firma en el contrato que le convierte en seleccionador hasta el 31 de diciembre de 2011. El proceso de adaptación del técnico gallego a las costumbres del país en el que ahora reside está siendo «duro», según reconoce. «El idioma es un muro», asevera. Y no sólo se trata de una cuestión lingüística, sino también de otros hábitos. «La comida es muy picante y me ha costado muchísimo habituarme. Sólo hay un restaurante español en Trípoli. Y todos los días almuerzo fuera...», confiesa.
Para un técnico amamantado en España, la salida al extranjero supone un choque. «Tengo morriña», reconoce sin tapujos. Pero hubo motivos que llevaron al naronés a tomar las riendas del vigente campeón de África de fútbol sala: «La propuesta era muy atractiva. Poseen un centro de trabajo más grande que el de Las Rozas y, al no existir una Liga nacional, la selección se entrena los doce meses del año». «No descarto que pasemos unos cuantos días en Galicia en marzo», añade.
Con chófer
Convertirse en seleccionador de Libia también proporciona algunos lujos a pesar del choque cultural que el naronés ha experimentado durante sus primeras semanas de estancia en África. «Tengo chófer», narra. Toda una ventaja en medio del caos circulatorio que impera en Trípoli. «Ni se me pasaría por la cabeza coger un coche alquilado», bromea Prieto.
Después de unos primeros días en los que residió en un hotel, el ex director deportivo del Azkar se ha trasladado a un chalé al lado del mar. «Es una zona en la que vivimos muchos europeos», comenta. Y, para hacerle más fácil la vida en las sesiones de entrenamiento, la Federación le ha asignado un traductor de campanillas: Mido, ex jugador de fútbol que militó en uno de los clubes punteros del país. Y un sobrino de Gadafi es el encargado del fútbol sala en la Federación de Libia.