Pese a las numerosas nevadas, hubo osas con crías en la cordillera que no hibernaron y siguieron alimentándose
03 may 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Guillermo Palomero, que recientemente participó en la presentación del libro de Andoni Canela El Oso Cantábrico, -editado por la Fundación Oso Pardo y Obra Social de Caja Madrid, donde se ponen al día en clave divulgativa los conocimientos sobre la biología y ecología de este animal- destacó que varias osas con crías continuaron este invierno con el mismo patrón estacional de otros años y no hibernaron, a pesar del duro invierno, con repetidas nevadas. «De las cinco familias que hemos seguido, dos se han mantenido activas y la nieve no les ha impedido escarbar para buscar alimento, por eso ahora están gorditas como torreznos», señaló.
Como otros inviernos más suaves, este también lo han pasado sin letargo, fuera de la osera, una evidencia comprobada ya para osas con oseznos del año que siguieron comiendo pasto y bellotas. Y los osos pardos juveniles en el año que se emancipan de la madre muestran una gran actividad invernal. Unos y otros comen intensamente, como demuestran las huellas y excrementos encontrados y a las osas con crías les es rentable, por su balance energético, permanecer activas y amamantar a los pequeños, aunque la mayoría de los osas no lactantes y osos adultos que acumulan mucha reserva de grasa, siguen recurriendo al letargo invernal de uno o varios meses.
Por otra parte, se ha divulgado la investigación de un equipo de genetistas de la Universidad de Oviedo y el CSIC, que a partir de análisis de heces y pelo de osos pardos de la cordillera cantábrica recogidos entre 2004 y 2006, han concluido que las subpoblaciones oriental y occidental de estos plantígrados están absolutamente aisladas desde hace 50 años.
Trinidad Pérez y Ana Domínguez señalaron que el estudio revela que en la población oriental la tasa de endogamia (reproducción de individuos del mismo linaje) en cada generación es del 10%, lo que excede con mucho la tasa máxima tolerable dada para animales domésticos, que es del 1%. Su conservación a corto plazo peligra, puede ser inmediata, y en la población occidental, de unos cien ejemplares, también hay riesgo de extinción a medio plazo, por lo que urge favorecer su migración y conectarlas.