En el PSOE apuntan tímidos movimientos mientras el PP refuerza su victoria????electoral????con?????errores del entorno de Orozco
29 mar 2009 . Actualizado a las 03:00 h.En Lugo, como por Galicia adelante, las pasadas elecciones autonómicas han dejado como un ardor duradero y molesto en los estómagos de los partidos apeados del poder. El malestar estomacal, ya se sabe, es un peligroso consejero; suele incitar a la acción desabrida y torpe, que acaba por agravar aún más el estado del doliente. Alguna iniciativa defendida por el PSOE lucense en los últimos días parece fruto de una acusada irritabilidad, de una extraña hipersensibilidad frente a la crítica del rival político y a la fiscalización de la acción de gobierno. La denuncia presentada por el director general de la Policía Local de Lugo, con el respaldo de López Orozco y su equipo, contra el concejal popular Enrique Rozas es, más allá del hecho, un síntoma y también un anuncio de lo que viene. Llegan días de tensión política, a la que no serán ajenas las diferencias familiares que apuntan en embrión en el socialismo lucense.
Es el PSOE de Lugo, por tradición, partido de familias. Fue así durante largo tiempo, en los años aurorales de la democracia y también en los de consolidación y desarrollo, cuando el partido giraba en Lugo alrededor de Manuel Varela Flores . La paulatina consecución de parcelas de gobierno y la disponibilidad de puestos a la sombra del poder fue atenuando las tensiones. Conseguido el gobierno de Galicia, las aguas en el socialismo lucense se volvieron calmas gracias a la abundancia de plazas con cargo al erario. Ahora cabe el riesgo de que se inicie el proceso inverso. Hay muchos segadores y la mies es poca. Por eso hubo en las filas socialistas quienes vieron con ojos críticos la designación de José Vázquez Portomeñe como subdelegado del Gobierno en Lugo. Con tantos socialistas con pedigrí en el partido, el nombramiento de Portomeñe fue para algunos un imperdonable olvido de candidatos con méritos acumulados durante años al servicio de la causa. En el camino hacia el congreso extraordinario, en el PSOE de Lugo asoman con saludable frescura, aunque aún no cuajan como se vio en la asamblea del viernes, intereses diferentes, opiniones varias y divergencias debatibles. Hay quien quiere que Ricardo Varela haga penitencia por los días en los que la UGT impuso su ley y dejó al margen del reparto de cargos a los que abandonaron el sindicato hartos de modos con los que no estaban de acuerdo. Hay quien cree que Orozco tiene que contar más con la base del partido y que Besteiro puede tener la tentación de sentirse invulnerable.
La pérdida del poder produce ardores. Seguramente es inevitable, que ya dijo Churchill que «la democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás». El presidente del PP lucense, José Manuel Barreiro , tiene también un diagnóstico en clave médica: «Después del 1-M, el nerviosismo entre los socialistas aumenta hasta niveles desconocidos hasta ahora». Barreiro cree que la denuncia presentada por el gobierno lucense contra el concejal popular Enrique Rozas, por sus críticas en asuntos relacionados con el tráfico y la Policía Local, es la mejor muestra de ese nerviosismo. El fiscal archivó la denuncia; algunos de los párrafos de la resolución de Fernández Villalvilla son muy recomendable lectura para quienes sienten la tentación de convertir en secreto de Estado lo que no es más que materia de análisis, debate y enjuiciamiento en el campo político. Un español que seguramente no resulta desconocido para los socialistas lucenses aclaró: «La democracia no es el silencio, es la claridad con que se exponen los problemas y la existencia de medios para resolverlos». Lo dijo (se le atribuye) Enrique Múgica Herzog.
La denuncia presentada contra el edil Rozas es, amén de un disparate, el fuego amigo que alcanza a Orozco, la prueba irrefutable de que el alcalde de Lugo precisa hacer cambios en su gobierno antes de que sea tarde y la velocidad de caída haga inevitable el batacazo electoral. Quizá López Orozco no lo ve, pero los mejores de su equipo sí. La izquierda perdió por sus propios errores el gobierno de Galicia y Touriño será siempre el presidente derrotado. En Lugo, Orozco es alcalde por tercera vez; si los socialistas pierden las próximas elecciones, será Orozco el derrotado. En los días del ardor de estómago por la pérdida de la Xunta, los socialistas lucenses tienen ante sí muchas y difíciles decisiones que tomar. «Tras un recuento electoral solo importa quién es el ganador. Todos los demás son perdedores», aclaró Churchill.