El hostelero burelés José Antonio Collado, que figura también como imputado, relató con diversos detalles, y también algunas contradicciones, lo que hizo en la jornada del 27 de diciembre del 2006. Por la tarde, dijo, fue a Ribadeo a comprar pan para hacer hamburguesas porque en Burela no lo encontró. Pero los dueños del establecimiento donde dijo que había adquirido el pan no lograron presentar ninguna factura por tal compra, según recordaron las acusaciones. Cuando llegó de Ribadeo -añadió Collado- se dio una ducha, se tumbó en el sofá y, posteriormente, de noche, se fue a su bar. Durante su declaración salió a relucir un aspecto fundamental: en su casa apareció un bote de desodorante que, supuestamente, había adquirido en un supermercado de Foz, antes de que ocurrieran los hechos, según declaró Ramos. Collado dijo que el desodorante se lo había regalado Ramos y que él pensaba dárselo a un hijo suyo que vive en Barcelona porque usa la misma marca. El hostelero señaló que desconocía por qué O Chatarrero lo había acusado del crimen. «Se inventa eso. No sé si tuvo algo con él [con la víctima]. Me echa a mí la culpa para salvarse él. No sé cómo puedo dar una paliza a una persona e irme tan campante al bar, y ni tan siquiera tener rasguños, cuando Juan Carlos era un hombre que pesaba 120 kilos. No es tan fácil. Ni siquiera en la cárcel llegué a asimilar esto», dijo. Collado reconoció que la víctima le había prestado 4.000 euros para traer a su familia de Brasil, pero que ya le había pagado una parte. El resto pensaba devolvérselo en mano de obra. El hostelero admitió que Estévez, sin embargo, se lo reclamaba «cada diez minutos».