Núñez Feijoo buscó el respaldo de Rajoy para competir con Pérez Touriño en la apertura de la precampaña en Lugo
11 ene 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Lugo, ya se sabe, es provincia con catarro crónico. Al igual que muchos de los pacientes que saturan las consultas de los médicos de cabecera sufren complicaciones respiratorias, la provincia tiene permanentes dificultades para oxigenar su economía, para librarse del sordo malestar que producen el envejecimiento, la despoblación y el paro. Como el usuario del servicio sanitario que acude a la consulta convencido de que poco podrá hacer el médico para ayudarle a superar el resfriado, el lucense se prepara ahora para soportar ese nuevo vademécum de recetas socioeconómicos que constituye cada campaña electoral. En la carrera hacia las urnas, ya se han dejado caer por Lugo el presidente del PP, Mariano Rajoy, y los candidatos Emilio Pérez Touriño (PSOE) y Alberto Núñez Feijoo (PP). Una vez más, y van tantas como se han celebrado desde 1997, el anunciado auditorio de Lugo entra en campaña.
El prometido auditorio es a las campañas electorales lo que el moco al catarro. Uno y otro llegan con segura puntualidad cuando, según el caso, toca cita con las urnas o no queda más remedio que soportar días de estornudos y jarabes. Pasan los años y vuelven una y otra vez el catarro y las promesas de un complejo cultural. Ahora estamos donde ya estuvimos otra vez hace un montón de años: resuelto el concurso de ideas para su diseño, queda redactar el proyecto y licitar las obras. El presidente de la Xunta y candidato a repetir en el cargo, Emilio Pérez Touriño, se agarra al prometido auditorio en esta nueva carrera hacia las urnas, y, desde tan precario asidero, desgrana en Lugo las obras que ya hizo o pretende hacer la Administración autonómica en la capital y en la provincia.
Lugo, sí, es tierra con catarro crónico en los campos de la política y lo socieconómico. Y no parece que haya forma de romper el maleficio que mantiene sus vías respiratorios en permanente estado de atasco e irritación. Los que antes fueron acusados de utilizar electoralmente el auditorio, dedican ahora la misma crítica a los que se presentan a las elecciones desde la plataforma del gobierno. El ex alcalde Joaquín García Díez (PP) acusa a los socialistas de convertir la presentación del boceto del edificio en un acto electoral pagado con fondos públicos. Con el auditorio pasa como los jarabes; el mismo brebaje es, según el momento, las circunstancias y el galeno, mano de santo o agüita de la fuente. García Díez (alcalde entre 1995 y 1999) fue el primer impulsor desde el Ayuntamiento de la construcción en Lugo de un centro cultural. Ahora, el auditorio está de nuevo en campaña y el titular de la alcaldía, José López Orozco (PSOE), se muestra convencido de que será Touriño quien inaugure la esperada infraestructura cultural.
En campaña electoral se hace aún más evidente qué poco han cambiado las cosas desde que Saavedra Fajardo avisó de que «todo el estudio de los políticos se emplea en cubrirle el rostro a la mentira y que parezca verdad, disimulando el engaño». Los unos y los otros, los de la derecha y los de la izquierda, harían bien en visitar o revisitar la obra del escritor y diplomático Fajardo. Quizá así, el candidato Feijoo borraría de sus discursos cualquier referencia al no nacido auditorio de Lugo. Al PP le cabe el dudoso honor de haber aplazado su construcción que cayó en manos de la Xunta del PSOE y del Bloque; gracias a los unos y a los otros, Lugo tiene aún por auditorio la antigua nave-taller de la vieja Frigsa. Gracias a un alcalde con iniciativa -un díscolo de AP-, Vicente Quiroga Rodríguez, el PP tuvo ayer donde poner a caldo la gestión de socialistas y nacionalistas. En el eterno catarro de la política gallega, el proyectado centro cultural es una enorme vela en la apinochada nariz de los partidos políticos.
Touriño hizo (pre) campaña en Lugo ante una amplia representación de líderes sociales; Feijoo se hizo escoltar por Rajoy y con Barreiro como guía, tras el mitin, paseó por el corazón de la ciudad, tomó un vino y volvió sobre sus pasos después de almorzar en Nadela. El PP se trajo a Lugo, en autobuses que llenaron el Gustavo Freire, a militantes y simpatizantes de la provincia; el PSOE habló para representantes sociales y el vino y los pinchos corrieron por cuenta del consistorio. Vista la historia del auditorio, parece que lo que diferencia a los unos de los otros, al gobierno de la oposición, es quién paga el vino. Ambos parecen creer que nada hay mejor que dar «ao catarro co xarro». Y mientras, Lugo estornuda.