Borja Oubiña empieza de nuevo. Sus nueve minutos en el Estadio de Gran Canaria pueden considerarse el punto cero de su segunda época. Quince meses atrás era un jugador en la cúspide, ahora le toca quemar etapas hasta alcanzar el cénit. El estreno de Las Palmas significa el principio del fin. La recompensa a un año de trabajo en solitario.
Porque desde que cayó lesionado en Anfield a finales de septiembre y tras la intervención quirúrgica el vigués se ha pegado palizas diarias. Lejos de los focos de la popularidad, el futbolista se levantaba a las siete de la mañana para pasarse ocho horas entre el gimnasio de A Madroa y la piscina para acelerar la recuperación. «Estoy aprendiendo a caminar, no es una coña, pero pierdes la costumbre y los fisios te dicen como tienes que apoyar y lo que tienes que hacer. Llega un momento que te preguntas cómo se camina», comentó hace meses en pleno proceso.
El verano pasado asomó en el prado. Se le vio en el campo correteando con el inseparable Eduardo Parra (el recuperador del Celta) cuando la temporada languidecía. En pretemporada se repitió el cuadro. Carreras y ejercicios en solitario, tanto en Melgaço como en A Madroa. Hasta el pasado mes de noviembre Borja no se integró al grupo. Lo suyo ha sido una tarea paciente, sin alterarse y sin saltarse ningún plazo. Desde el club también se apostó en todo momento por la prudencia.
Pero ahora comienza una segunda fase. Con su debut se entiende que Borja Oubiña -que todavía la semana pasada aparecía en el parte médico del club- está recuperado por completo, pero para alcanzar el mejor tono necesita minutos. Presencia en el terreno de juego, pero sin correr riesgos innecesarios.
Arranque
En Las Palmas dio un pase y echó sus primeras carreras, pero quizás ante el Zaragoza (y en adelante) ya tendrá que aumentar sus prestaciones. Volver a ocupar campo, a darle salida al juego de transición del Celta y a ejercer de jugador importante dentro del entramado celeste.
De conseguirlo Borja Oubiña será el mejor fichaje de invierno para la plantilla de Murcia. En el último ascenso fue pieza clave asumiendo la responsabilidad de ser el único pivote en un sistema de 1-4-1-4-1.
Por el momento la mejor noticia es que no han quedado secuelas. Operado de las dos rodillas, todo indica que la recuperación ha sido un rotundo éxito y tan solo queda que coja confianza, una reválida que tendrá que pasar con toda probabilidad en enero. A la vuelta de vacaciones será el momento de luchar por la titularidad.