Mari Carmen Maceira acaba de montar en Vilalba un taller de moda y confección para emplear su conocimiento del oficio
05 dic 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Mari Carmen Maceira Rodríguez, natural de la parroquia vilalbesa de Codesido, aprendió el oficio de modista en su juventud. Se trasladó a Ferrol con 17 años, y aunque trabajaba de camarera, decidió aprovechar el tiempo libre para adquirir conocimientos de agujas y telas. Ahora, casi 30 años después, lo que aprendió en ratos libres ocupa gran parte de su tiempo y es su profesión.
A finales del verano abrió un taller de corte y confección en pleno centro de Vilalba. Reconoce que los tiempos no son los más favorables, pero lo aprendido y lo vivido son como el viento que puede empujar las velas: «Gústame dende cría, non se me fixo moi difícil», reconocía ayer. Conviene aclarar que entre aquellos tiempos de aprendizaje en Ferrol y estos de empresaria autónoma en Vilalba hay casi tres décadas que no han pasado en balde: desde que se instaló en la capital chairega, hace 26 años, prolongó la actividad de la confección con una academia cuya primera sede estuvo en la praza de San Xoán y con su trabajo en una empresa.
Cuando, hace varios meses, decidió montar el negocio, estaba en el paro, aunque entendía que esa era una situación transitoria. Por ello dio ese paso, a pesar de que no se le escapan los matices de una situación económica como la actual: «Tal como está o panorama, Deus dirá», declaraba ayer.
Queda claro que la coyuntura no es la más favorable, aunque Mari Carmen Maceiras, sin negar esa cuestión, parece haberse fijado más en las ventajas que en los inconvenientes: «Por un lado, necesito seguir cotizando; por outro, necesito traballar, tanto no económico como no persoal». El contraste entre pros y contras llega incluso al terreno económico, pero ni así varía su postura, más favorable al negocio que al ocio: «No paro posiblemente podía gañar máis, sobre todo porque por agora todo son gastos; pero non me podo queixar», declara.
Muchos aspectos
Montar y mantener un negocio requiere además una serie de atenciones que van más allá de la pericia profesional: pagar la cotización como autónoma, abonar el alquiler mensual o cubrir la declaración trimestral del IVA son asuntos que deben atenderse con la misma diligencia con la que se pone un botón o se levantan los bajos de unos pantalones.
Colocar botones o arreglar pantalones son en teoría una parte del trabajo, que en la práctica adquieren más relevancia. Mari Carmen Maceira relata que la gente se decide más por los arreglos de prendas que por encargos para confeccionarlas, lo que sin duda puede tener relación con la crisis económica pero también, dice, con la presencia de diseñadores famosos y con la oferta de prendas que pueden comprarse a precios asequibles en centros comerciales.
Maceira admite que su trabajo es duro por la cantidad de horas que requiere y que el abanico económico del municipio no permitía, en su opinión, demasiadas alternativas: «Non hai industria», dice. Pero confiesa también que ha tenido apoyo familiar, mientras el péndulo de la historia y de las tendencias parece moverse a su favor: «As modas están sempre retornando. Un abrigo que leva oito ou dez anos arrinconado nun armario volve poñerse».
Así, esta emprendedora admite que la decisión le costó «dar moitas voltas á cabeza», aunque también que el oficio le gusta «dende cría».