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LUGO

Dos empresarios de atracciones que acuden al San Froilán hablan de la vida en las ferias: sin horarios ni sueldos fijos, pero con la satisfacción de hacer felices a los demás

30 sep 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Es mediodía y el ferial del San Froilán empieza a despertar. Faltan cinco días para que las patronales lucenses empiecen de manera oficial, pero las atracciones instaladas en García Portela, Vila de Foz y en los bancales del parque Rosalía echaron a andar ya el pasado sábado. Estos días solo funcionan por la tarde. «Cuando los chavales salen del colegio», aclaró ayer Jacinto Sada -todo amabilidad-, mientras revisaba la batería y engrasaba una de las diez pequeñas motos que dan vida a su atracción.

Un trabajo rutinario que repite con esmero cada mañana. Cuando los niños compren sus fichas y comiencen a rodar por la pista, inmensamente felices a lomos de sus vehículos en miniatura todo tiene que estar a punto. «A estas horas hay poca gente. Estamos sobre todo los que necesitamos hacer mantenimiento en nuestras atracciones y los que tienen que reponer material», comentó este empresario de origen catalán, que con 63 años lleva más de medio siglo afincado en Oviedo y toda la vida de feria en feria.

Nieto, hijo y ahora padre de feriantes -«vamos por la cuarta generación», sonrió paciente- cuenta que en esa vida no hay tanta fiesta y color. Es más dura de lo que puede parecer. No hay horarios, tampoco sueldos fijos. «En invierno comemos lo que ganamos en verano y hay muchos gastos», comentó el hombre, cuya temporada de trabajo se extiende de abril a octubre.

Así las cosas, el San Froilán de Lugo, al que acude puntualmente desde hace varios lustros, será probablemente la última celebración que cubra en este 2008. «Mucha gente hace ferias todo el año. Yo también lo hice, pero ahora soy mayor y estoy hecho un vago», sonrió con calma.

Mientras dura la temporada, «es verdad que un día a lo mejor duermes doce horas, pero otro seguramente solo puedes dormir cuatro, o tres», secundó el dueño de Scalextric Camarero.

Tricornios y fin de fiesta

Ambos feriantes recordaron los tiempos en que las atracciones tenían que echar el candado antes de las dos de la mañana. «Veías los tricornios negros que se acercaban [en alusión a la Guardia Civil] y sabías que se acababa la fiesta».

«Ahora la juventud sale de casa a las dos de la mañana», compararon. Una circunstancia que les obliga a tener las atracciones abiertas «casi hasta las seis de la mañana».