La mayoría van a pedir por la salud de los suyos, aunque también hay personas para las que peregrinar hasta O Cebreiro el 8 de septiembre se ha convertido en una costumbre, que algunos vienen manteniendo ininterrumpidamente desde hace varios años.
El destino es siempre el mismo, aunque el punto de partida suele variar. Así, hay quienes salen de Becerreá, de O Corgo e incluso de Baralla, caminando toda la noche para llegar al templo de Santa María la Real a tiempo de escuchar la primera misa de la mañana, que se celebra a las ocho.
Por el camino, los romeros se van encontrando unos con otros y aprovechan para intercambiar impresiones sobre lo que motiva a cada uno a realizar esta peregrinación. Igualmente, los bares, cafeterías y restaurantes que hay a lo largo de la ruta y que permanecen abiertos toda la noche se convierten en punto de encuentro de los esforzados caminantes.
Mientras reparte bocadillos y cafés, el encargado del restaurante Muíño, de As Nogais, comenta que este año hay menos gente y que el negocio lo nota, porque los 60 o 70 bocatas que otros años repartía en un visto y no visto, ahora se quedan en bastantes menos. También aquí se perciben los efectos de la crisis, ya que los romeros que hacen un alto en el camino suelen conformarse con un café.
Aunque el de ayer fuese día laborable en muchos ayuntamientos de la montaña lucense y eso restase afluencia a la romería de O Cebreiro, lo que sí acompañó fue la meteorología, lo cual agradecieron sobre todo los que caminaron por la noche.
La dureza del camino fue lo que peor llevaron algunos, que acabaron con ampollas y contracturas musculares. El cansancio hacía reducir la velocidad a medida que se acercaban a su destino, aunque la proximidad de O Cebreiro también los animaba a seguir hasta el final. Atrás quedaban las quejas por la falta de luz en algunos tramos y por la escasa presencia de efectivos de Protección Civil.