Alimentando a generaciones

LUGO

José Ramón Álvarez Romero está al frente de Acisal, negocio que su padre convirtió en sociedad tras heredar la empresa impulsada por su progenitor

24 ago 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Vilalba sobresalió por sus ferias. Su condición de cabecera de comarca, su situación en un cruce de caminos y su entorno, con una amplia actividad agropecuaria, fueron factores que contribuyeron a consolidar esa posición.

Aunque los tiempos hayan cambiado, las ferias del capón y del queso de San Simón da Costa no son en modo alguno ajenas a esas características.

Sin ferias específicas en la localidad pero con un amplio radio de distribución, en Vilalba hay otro sector, el de la distribución alimentaria, que combina la pujanza con la capacidad de haberse adaptado a los nuevos tiempos.

De eso sabe algo, más bien mucho, la familia Álvarez, que va ya por la tercera generación dedicada a esa actividad.

José Ramón Álvarez Graña recuerda con precisión los tiempos en los que trabajaba con su padre, natural de la provincia de Valladolid e instalado en Vilalba tras haber dejado la tierra natal en sus años mozos. Cada casa del abundante mundo rural de Terra Chá era casi una unidad de producción, de la que tanto salían animales como legumbres.

El negocio familiar estaba en la calle Porta de Cima, aunque el espacio geográfico del hijo, quinto de una prole de ocho, también se ampliaba a medida que pasaban los años: en la ciudad de A Coruña completó los estudios de Comercio.

Mientras compaginaba trabajo y estudios, fue dándose cuenta de que los años inmediatos -hablamos del inicio de los sesenta del siglo pasado- iban a traer numerosos y decisivos cambios. La España de entonces iba camino de superar las estrecheces de la posguerra, y aquel negocio del centro de Vilalba también se preparaba para adaptarse a los nuevos tiempos.

Cambios

Unas nuevas instalaciones situadas junto a la carretera N-634, en la salida hacia Baamonde, reflejaron ese salto, que además consistió en pasar del simple proceso de comprar y vender a entrar en la elaboración y distribución de productos cárnicos. «Hoy hay un concepto de economía de empresa que entonces no había», recuerda Álvarez Graña, que pese a todo destaca que el cambio no fue duro.

Su hijo José Ramón, que es licenciado en Empresariales y que comparte con su hermano Marcos las riendas de la empresa, asegura que uno de los principales retos de la firma, en la que trabajan unas 15 personas, es mantener una buena gestión de la calidad. Sin embargo, no descarta introducir en el mercado algún nuevo producto.

La empresa tiene el sello de calidad ISO 9001 y forma parte de la IXP Lacón Galego y de la Especialidad Tradicional Garantizada (ETG) del jamón serrano. Padre e hijo coinciden en que el jamón siempre está de actualidad y es fácil de consumir.

El primero opina que es preciso potenciar el producto gallego para que gane más cota de mercado, y el segundo cree que el mercado debe mejorar la percepción de este producto.

La calidad, sobra decirlo, no se discute.