Viviendas con «v» de Vilela

LUGO

Cristina García forma parte del equipo que encabeza su padre, dedicado a la promoción, de quien dice estar aprendiendo mucho

25 may 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Cristina García Díaz quería ser psicóloga, pero casi en el último momento se decidió por Empresariales para poder asumir la continuidad del negocio familiar. No se arrepiente de la decisión tomada y, aunque ahora se maneja en un mundo tradicionalmente copado por los hombres, se siente a gusto trabajando en un equipo, en el que la última palabra la tiene su padre, David García Vilela. El presidente de los promotores no quiere que su hija pierda el apellido de su abuela materna, que es por el que todo el mundo conoce a la familia y tiene pendiente ir algún día al juzgado a tratar de arreglarlo.

Cristina García quiso pasar por otras empresas del grupo antes de entrar en la promotora, que es el buque insignia de la familia. Después de acabar la carrera empezó en el campo de la decoración, en Pirámide, con su madre. Este es un campo que la apasiona y en el que se siente muy a gusto. Sin embargo, tuvo que dar el salto y pasó a la rama que regenta su padre, de quien dice es un buen maestro, del que está aprendiendo mucho. «Es un mundo que no conocía y del que tengo mucho que aprender», admite esta joven, que no desiste aún de empezar otra carrera, la de Psicología. Reconoce que va a tener que demostrar mucho más que si fuera hombre, aunque las cosas evolucionaron en los últimos años en la incorporación de la mujer al mundo laboral.

David García Vilela está muy satisfecho de que su hija se haya subido «a un vagón en marcha, no que non se pode durmir», en referencia a la empresa y a la situación difícil que atraviesa el sector.

Vilela es arquitecto técnico y su primera empresa, con otro socio, la montó en el año 1979. En 1982 ya empezó a trabajar en solitario con Vilela Construcciones y nueve años más tarde montó Vilela Inversiones. «É bonito ver cómo vas medrando pouco a pouco e vas dando emprego a xente. Acabaste convencendo de que unha empresa é un equipo, un conxunto de brazos, mentes e xentes e non a iniciativa dunha persoa», sentencia.

Vilela empezó con ocho o diez operarios y ahora dispone de unos 80. Llegó a tener más de cien en los tiempos de bonanza del sector y fue de los primeros en incorporar a su empresa mano de obra extranjera. Este promotor presume de que en determinada época de sus obras decían que era la ONU, por las diferentes nacionalidades de sus operarios. Las dificultades en el sector han obligado a este empresario a quedarse con menos gente y optó por aquellos que se ganaron su confianza. Los primeros de los que prescindió fue de las cuadrillas portuguesas.

El promotor lucense asegura que está muy orgulloso del equipo con el que trabaja en estos momentos y especialmente de que de él forme parte su hija. En las empresas del sector se están incorporando en los últimos años las nuevas generaciones y entre ellas no faltan las mujeres, que llegan pisando fuerte y con la formación necesaria para afrontar el relevo.