Un centenar de personas tuvieron la oportunidad de asistir a las visitas guiadas por el nuevo hospital, organizadas por Sanidade y dirigidas por sus responsables
17 feb 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Sea por estar en la campaña electoral o en la de la cuaresma, el nuevo hospital de Lugo abrió ayer sus puertas para ser visitado por un centenar de personas de a pie que unos días antes se habían inscrito en una lista que fue seguida a rajatabla. Los introductores y cicerones fueron el delegado de Sanidade, Miguel Ángel Rodríguez Lois; el director provincial del Sergas, José Luis Rodríguez, y el gerente del complejo Xeral Calde, Miguel Ángel Fernández, que contaron con la asistencia técnica de dos de los tres arquitectos autores del proyecto.
La visita estaba preparada con detalle, incluso con un plano de las instalaciones en el que estaba marcada la ruta a seguir. Los cien visitantes fueron distribuidos en cuatro grupos, con una diferencia de una hora, que era la duración del recorrido turístico. Cada uno se las arregló para llegar al lugar, que de momento no es una empresa fácil salvo que se lleve en el coche un GPS.
A la hora convenida en la cita previa, que resultó más efectiva que la que dan para las consultas externas de la «Residencia», el grupo correspondiente, integrado por 25 personas, tenía que estar en la entrada principal de la obra. Allí el personal era recogido por un microbús que lo llevaba al vestíbulo principal del edificio, donde comenzaba el recorrido a pie por una parte mínima pero representativa del inmenso edificio.
El turno de las once comenzó con un cuarto de hora o veinte minutos de retraso, tiempo suficiente para tomar un café en el Bokata, chiringuito ambulante o móvil pero bien dotado y con aspecto higiénicamente correcto, como corresponde al lugar. Los visitantes de la citada remesa no resultaron grandes cafeteros o ya iban casi todos desayunados pero de las ventas en los días laborables no hay queja. «Depende de qué empresa esté trabajando, porque cuando viene alguna en la que hay muchos extranjeros, despachamos poco», dice el dueño del bar, que es consciente de que los emigrantes vienen a trabajar para ahorrar.
Ya con los excursionistas subidos al microbús, el delegado de Sanidade da la bienvenida y da fe de que «imos con algún retraso, pero é normal». Casi sin tiempo a que reanude la conversación, alguien contesta entre risas: «sobre todo na Seguridade Social». Mal empezamos.
Con ese sarcástico comienzo arranca el microbús hacia el vestíbulo principal con la masa crítica, desplazamiento que es aprovechado por el gerente del complejo para dar las primeras explicaciones sobre lo que se va a mostrar. Allí espera el segundo equipo del comité de recepción, integrado por José Luis Rodríguez y por los arquitectos. Tras calzar todo el mundo el casco, comienzan las explicaciones alrededor de una gran maqueta en el centro del amplio recibidor.
El siguiente destino es la zona de hospitalización, que son seis bloques en U, con cuatro plantas cada uno, que es la máxima altura que alcanza el hospital. Para llegar allí hubo que recorrer una mínima parte del pasillo que, con sus 700 metros, es la columna vertebral del centro. Tras bajar a la planta inferior, fue mostrada la zona de pediatría, en la que, aprovechando la reciente visita del presidente de la Xunta, fue instalada una especie de habitación piloto cuya tecnología es casi como comparar un hospital de Calcuta con un alemán, dado que llevará algún artilugio que solo existen en Alemania y Francia.