La abundancia y la variedad de monedas aparecidas en sucesivas excavaciones en el castro de Viladonga, en donde se llevan a cabo investigaciones desde hace varias décadas, quedará recogida en un libro. La Xunta editará un catálogo -cuya elaboración está ya muy avanzada, según explicaciones ofrecidas por el museo esta misma semana- en el que se recogerán 182 piezas de diferentes épocas.
Entre el siglo I antes de Cristo y el IV de nuestra era se sitúan las diferentes monedas que las sucesivas excavaciones permitieron encontrar, guardar e incorporar a los fondos del museo. La más antigua es del período republicano, y se acuñó en el territorio de la Hispania romana, aunque se desconoce el lugar exacto en el que fue troquelada. Todos los trabajos de investigación han dado como resultado la aparición de casi 1.900 piezas -exactamente, 1.839- en el yacimiento.
Más de la mitad de las monedas que se detallan el próximo catálogo -exactamente, 84 de las 162 totales- tienen su procedencia identificada. El bronce es el principal material en que fueron acuñadas, y los siglos III y IV de nuestra era, los momentos en los que entraron en circulación. Esos siglos, que coinciden con el tiempo en que el castro estuvo habitado, son un período de crisis económica del Imperio Romano.
Abundancia de bronce
De bronce es también el abundante conjunto de monedas que aparecieron en las excavaciones del año pasado: un total de 300 piezas aparecieron en los restos de una vivienda perteneciente al conjunto del yacimiento. Esa abundancia, según explicaciones de técnicos que realizan su trabajo en el museo, no debe interpretarse como un hecho extraño o insólito aunque no tenga precedentes en el yacimiento.
Esa presencia puede suponer simplemente que se guardaban dentro de la vivienda, destinadas a diferentes gastos domésticos, y es una constatación más de la vida diaria de los tiempos en los que el castro estaba habitada.
Tampoco hay que considerar ilógica sino todo lo contrario, según las explicaciones del personal investigador, la presencia de monedas anteriores a los siglos de principal ocupación del castro: cabe suponer simplemente que formaron parte de herencias y que se transmitieron de generación en generación.
Limpieza delicada
La aparición de las monedas ha ido acompañada de trabajos de limpieza y de restauración en las instalaciones. La limpieza es siempre la primera operación, mientras que luego se inician trabajos destinados a estabilizar el material y frenar la corrosión. El bronce, como el hierro, se deteriora con rapidez, y se somete a baños químicos.
Las operaciones de limpieza de monedas requieren gran delicadeza, puesto que los relieves que conservan son milimétricos y un movimiento brusco podría causar daños que afectasen a las piezas.