Juan Felpeto, gerente de Suguimar, reconoció que están buscando nuevos mercados en el exterior con el objetivo de que el 40% de la producción de esta empresa lucense, la más grande de su sector en Galicia, vaya a parar al extranjero.
-Estamos apostando por la internacionalización de la marca. Desde hace dos años estamos volcando nuestras energías en los mercados exteriores. -¿Dejan de lado el mercado nacional? -No, no se trata de eso. El mercado nacional está dividido en dos sectores, el de alimentación en el que los márgenes son cada vez menores y el de la pastelería especializada, en el que la venta de bombones se ha visto reducida, en favor de las grandes superficies y las cadenas de alimentación. -¿Se venden menos bombones? -No. De momento no. Lo cierto es que se incrementó el consumo de bombones, pero en las cadenas de distribución. -¿A qué países están exportando en estos momentos? -Empezamos en Portugal, a través de tres distribuidores que nos cubren las zonas de Lisboa, Oporto y Braga. Después pasamos a Andorra y seguimos por Estados Unidos, México, Venezuela y ahora Japón. Tenemos contactos muy avanzados en India y contratos en Polonia. Depende de los importadores especializados. Si los encontramos, lo valoramos y tomamos decisiones. -Y Europa. ¿El freno lo pone Suiza? -Europa es un mercado más complicado por los bombones suizos y belgas. Ahora nos estamos orientando al asiático y al sudamericano, especialmente a aquellos países en los que hay emigrantes españoles y gallegos, donde tenemos una buena clientela. -Con la paralización del proyecto de trasladarse. ¿De dónde van a sacar tanta producción? -No son envíos grandes. Mandamos entre 1.000 y 4.000 kilos a cada país. Seguiremos trabajando donde estamos hasta que tengamos la fábrica en As Gándaras, donde hicimos prereserva de los terrenos. -¿Tuvieron otros pedidos a la carta como el procedente de Japón? -La verdad es que de ese tipo no. Los japoneses nos plantearon el reto y lo aceptamos. La cierto es que las trufas nos quedaron muy logradas.Tuvimos encargos de tabletas de chocolate, como las que hacemos de la Muralla, de la Catedral de Santiago y de Covadonga, en Asturias, pero dan mucho trabajo y procuramos estandarizar las producciones.