Pol recordó a los emigrantes

La Voz

LUGO

A media voz Entre los asistentes a las comidas de la carballeira había una mesa con 105 personas, la de Moncho Neira, un emigrante que hizo fortuna en la restauración en Barcelona

24 ago 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

La Festa do Emigrante de Pol alcanzó ayer los 23 años de vida y lo hizo en muy buen estado de salud y con númeroso público en las diferentes celebraciones programadas para este día por la Asociación de Vecinos de Mosteiro. Las gentes del lugar y los visitantes disfrutaron primero con los pasacalles y las actuaciones de Os Valuros de Castro de Rei y de la Banda de Antas de Ulla y después estuvieron presentes en la misa, oficiada en gallego y celebrada al aire libre, en la propia carballeira de Mosteiro. Pregón y placa Dos citas ineludibles en esta celebración son el pregón, del que este año como los anteriores se encargó José Ramón Ónega , hijo predilecto de Pol y buen conocedor de la historia de este municipio y de esta fiesta; y el descubrimiento de la placa conmemorativa de esta edición de la Festa do Emigrante. Una placa que es obra de Manuel y Alejo Expósito , padre e hijo que cada año crean en mármol esta pieza que permanece para el recuerdo en el palco del campo de la fiesta. Comidas campestres La verdadera esencia de esta celebración reside en las comidas que tienen lugar por la tarde en la carballeira de Mosteiro, en las que se reúnen los que se fueron con los que permanecieron en su lugar de origen. Y este año esa unión se hizo más evidente que nunca, ya que más de 700 personas hicieron su reserva para participar en la comida. Entre ellas se encontraba un grupo de 150 personas convocadas por el propietario del restaurante Botafumeiro de Barcelona, Moncho Neira , natural de la parroquia de Silva. También había otros comensales de la ciudad condal, como los de Casa Castro. La jornada vespertina se fue desarrollando entre meriendas, actuación de los gaiteiros y una sesión de juegos tradicionales antiguos, entre ellos los bolos de lastra. Los encargados de animar a los presentes a participar en todos esos juegos fueron los miembros de la asociación de vecinos O Cadaval, de Pacios, en Castro de Rei. Todo concluyó con queimada y verbena.