Crónica | El espectáculo de la palabra El Brujo reinterpreta a Don Quijote desde la tradición oral y el humor
02 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.?ueron casi dos horas de espectáculo las que ofreció el pasado miércoles Rafael Álvarez el Brujo en el auditorio y para la gran mayoría de los asistentes (lleno absoluto) supo a poco. Al final, siempre queda la sensación de que si el actor cordobés quisiera, podría seguir contando y contando historias del libro de Cervantes. Precisamente de eso trató su función, de contar, de interpretar a Don Quijote no desde el punto de vista de un erudito de «esos que comen canapés en los congresos», sino El Quijote de la tradición oral, del más cercano al pueblo, del «según lo contaba mi padre». Pero la versión atípica de El Brujo sobre la obra de Cervantes es algo más que una serie de historias graciosas. En el fondo yacen reflexiones muy cercanas sobre numerosos aspectos de la vida diaria. Así, el actor no dejó sin citar a nadie ni a nada. De su boca, e incluso de su expresión corporal (por cierto, que a veces recordaba a Chaplin), salieron frases sobre el teatro, los sueños, el público, los políticos, los curas, los poderosos, las religiones, la cultura de Al Andalus, los clásicos, los periodistas, los funcionarios, las grandes empresas y un largo etcétera de ideas y personajes que aparentemente parecen dispersos, pero que cobran un significado completo al final de la obra. Que nadie se lleve a engaño. La función de El Brujo no es un espectáculo de un monologuista tipo El club de la comedia . Si quisiera, también podría hacerlo (véase el impagable descanso que se marcó), pero hay actores que están llamados a seguir transmitiendo los romances del pueblo y de los maestros de la literatura. Son deudores de un tesoro: la palabra.