DESDE EL ADARVE
13 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.APARECE pintoresco el hermoso estuario de todos los Santos en las crónicas más sentidas. Pero basta un encontronazo como el del Marja para recordar (con patética curiosidad general) las penurias del que pudo ser gran puerto lucense. Con la disculpa arenícola de O Boi, con las tonterías políticas entre la Xunta y el Principado, y nuestros pusilánimes -para lo que no les renta- políticos, veraneantes en otras rías, Ribadeo nunca ha salido del escollo. Dicen que el barco encalló por un «fallo general de la máquina y de la energía eléctrica». Y claro, nosotros tenemos que tragarlo, como el hecho de que allí no haya un pequeño remolcador pero sí un restaurado cargadero, homenaje a lo que no duró. Sólo falta en este teatrillo la embarcación de auxilio de Gijón o A Coruña, puertos con discriminación positiva per sécula , seculórum . Lo peor: que el pecio se rompa y haya ostras al gasóleo durante años.