Crónica | Hilda Rodríguez, un ejemplo a seguir
25 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.Posiblemente la boccia sea para muchos un deporte desconocido, pero Lugo cuenta con una campeona de primer orden en esta disciplina paralímpica. Hilda se retiró en 1999 debido a varios desprendimientos de retina y otras complicaciones en su enfermedad. Sin embargo, hasta este mismo año todavía ostentaba la titularidad de alguno de sus títulos. Fue campeona paralímpica y mundial en varias ocasiones. Llegó a los Juegos de Atlanta sin perder un solo partido en cuatro años. Y decir que cuenta en su haber con 51 medallas de oro, es dejar a la altura del betún a personajes multimillonarios bien conocidos por todos. Así se explica ella misma: «Teño máis títulos eu ca Ronaldo, Raúl ou Beckham xuntos. E mira onde están eles e onde eu». De la verdad de sus palabras se derrama, gota a gota, el esfuerzo que ha aunado para hacer deporte. La boccia es un deporte mixto, parecido a la petanca, que viene ya de la Grecia Clásica. Consiste en lanzar seis bolas rojas, otras seis azules y una blanca que hace de diana. Gana quien más logre aproximar el mayor número de bolas de su color a dicha diana. Las bolas son de cuero y rellenas de arena, de lo contrario sería imposible que los que tienen contraído el músculo de la mano, como Hilda, pudieran lanzarlas. Porque la parálisis cerebral es una enfermedad que lesiona al sistema nervioso central y produce daños que afectan a la coordinación, tono y fuerza muscular. La afectación varía de unos a otros y por eso Hilda se empeña tanto en demostrar su fuerza. Para ello me reta primero a un pulso, que gana, y, a continuación, hace lo propio para coger impulso y ponerse en pie delante de su silla de ruedas. Sonríe. Además de jugar a la boccia, practicó también el atletismo, logrando lanzar la bola -esta si de hierro- a 2,83 metros de longitud. «E iso que ó primeiro caíame ó chan antes de sequera poder lanzar», advierte. Fue gracias a su padre, que se preocupó siempre de llevarla para que pudiera entrenar, como pudo lograr tan ambiciosas metas. De él y de su madre se siente muy agradecida; no así tanto de los organismos públicos. «Polo menos teríannos que facilitar o transporte e habilitar centros onde poder adestrar ou simplemente estar», protesta. Y si hablábamos de metas, una de las que más la motivaron fue conseguir nadar en la playa; «cando non hai ondas», matiza. Recuerda que fue todo un logro para ella el haber conseguido girarse en el agua sin dejar de nadar y sin posarse en el suelo. Eso si, de espaldas, pues aclara que frente le da impresión. ¿Y de su infancia?¿ Hilda guarda mal recuerdo de cuando con tan solo 11 años una profesora, delante de ella, le dijo a su madre: «a neniña é lista, pero como é zurda e está así¿». Las convulsiones son frecuentes para quienes padecen su enfermedad y por ello lanza este órdago: «Como os paralíticos cerebrais temos tics e axiña sobresaltámonos calquera cousa, a xente xa pensa que somos tontos». Explica que a los cinco años ya sabía leer y que la profesora -otra- no daba crédito. Por eso, añade entre sonrisas, para convencerla del todo se pasó el día entero leyendo sin parar.