Crónica | Inauguración de la comisaría de Viveiro Un aparente fallo de protocolo originó un conflicto institucional, que llevó al alcalde y al resto del gobierno local a abandonar????la nueva sede policial????antes????de???los actos oficiales
28 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.Quienes siguieron cómo el delegado del Gobierno en Galicia, Arsenio Fernández de Mesa, pasaba revista a los efectivos policiales, en el aparcamiento de la nueva comisaría de Viveiro, llegaron a dudar de su propia visión. Y es que en la fila de autoridades, cerca del director general de la Policía, Agustín Díaz de Mera y García Consuegra, y del subdelegado del Gobierno en Lugo, José Antonio Labrada Losada, se encontraba César Aja, senador y portavoz del grupo municipal popular. Ni rastro del alcalde, el socialista Melchor Roel, ni de ningún otro miembro del ejecutivo local, que permanecían apostados desde hacía más de diez minutos en la entrada del edificio, a la espera de que algún representante de la Dirección General de Policía les indicase cómo proceder y dónde. La repentina irrupción de Fernández de Mesa, que se encaminó hacia el patio y se apresuró a pasar revista, alteró el protocolo y originó el plante de Roel, el primer teniente de alcalde, Francisco Luis Rodríguez, los demás integrantes del gobierno y el diputado autonómico Ismael Rego. Ignorados en un acto que patrocinaba el propio Concello, optaron por marcharse sin hacer ruido. Como en otros tiempos Quienes, además de ver lo que ocurría en el exterior del inmueble, justo antes de la inauguración, continuaron el periplo por las dependencias, volvieron a cuestionarse si efectivamente en Viveiro se habían celebrado unas elecciones municipales, en las que el PP había perdido la mayoría absoluta y tras las cuales PSOE y BNG habían suscrito un pacto de gobierno. Además de las decenas de invitados (representantes de asociaciones vecinales, culturales, empresariales, etcétera), por las estancias circulaban todos los ediles del grupo popular. En otras circunstancias, su presencia no hubiese sorprendido a nadie, como miembros de la corporación. Pero la ausencia del????regidor?????y del resto del bipartito confería un cariz singular, como de otros tiempos, a la situación. Al final, hubo pinchos, pagados por el Ayuntamiento, como insistió en recordar más tarde el alcalde. Algunos asistentes no salían de su asombro. Otros especulaban, perplejos, con lo sucedido.